Parece que la Reserva Federal y el gobierno de los Estados Unidos mantuvieron muy bajo el precio del dinero. Por ello, se animaron los bancos a dar créditos, incluso con escasa o nula posibilidad de recuperarlos: ¡Subprime de allí y de aquí! La solución no parece que sea entregar más dinero, con poco control ni criterio por parte de los gobiernos y de buena parte de la clase política, incluso, a las mismas instituciones quebradas que lo “malbarataron”.
¿El proteccionismo nos puede ayudar a salir de la crisis? Muchos piensan que sí, pero para la mayoría, sería peor. El proteccionismo aumenta el control del poder político sobre la sociedad, debilitando su autonomía, a cambio de una protección económica.
¿Por qué no reacciona el mercado ante los planes de los gobiernos? Es normal si no se cuantifica el agujero financiero, premisa clave para recuperar la confianza. Todos los nuevos keynesianos suelen ser intervencionistas, como casi todos los políticos, al margen de su color. El intervencionismo da más poder al poder y resta poder al ciudadano. Es bueno recordar que la libertad individual y la libertad de mercado o se aúpan, o se mal pierden juntas.
¿Funcionaron las instituciones que tenían que velar por la libertad del mercado? Todo indica que no han funcionado, ya que no han controlado las irregularidades y las consecuencias las estamos pagando los que no tuvimos nada que ver. Ahora, incluso, a ciertos responsables de los desaguisados, se les asiste con el maná financiero del papá estado. ¡Este intervencionismo, no parece justo! Habría que ser más duro con los responsables, y aplicarles la ley.
¿Fue positiva la pasada cumbre del G-20 en Londres? La euforia fue una mezcla de triunfalismo y cursilería fotogénica, que me recordó a los saraos de las revistas del corazón. Los medios españoles de todo signo celebraron el encuentro como la solución a los males económicos. Así, los líderes del G-20 aprobaron un gasto de un billón de dólares, para no se sabe muy bien qué, ni se sabe muy bien cómo. ¡Celebrémoslo! ¡Obama, en cuerpo presente, se ha reunido con Zapatero!
¿Cómo se pretende solucionar una crisis que se originó por un exceso del crédito y un endeudamiento desproporcionado con una mayor deuda, de momento, de un billón de dólares, añadidos a los nueve billones de dólares, ya comprometidos en Estados Unidos , más los tres billones de euros comprometidos por los europeos? Menos mal que el Banco Central Europeo parece que no está tan de acuerdo. ¿Será suficiente esta inyección masiva de liquidez para restablecer la confianza de los agentes económicos? La experiencia de Japón en los últimos 20 años apunta lo contrario, con tipos de interés casi nulos y deflación. El neokeinesiano premio Nobel Stiglitz dice que no es suficiente, que se necesita más gasto público. Sálvese quien pueda.
¿Quién pagará esas desorbitadas cifras millonarias? Está claro que los ciudadanos, quizás no con deuda pública, pues será difícil que alguien la financie. Lo más probable es que se impriman billetes, como han hecho en Estados Unidos y Gran Bretaña. El dinero perderá valor y todos seremos más pobres. Cuando los ciudadanos sean conscientes, no encontrarán motivo para el aplauso.
¿Necesitamos mayor regulación y supervisión de los mercados financieros? Los mercados financieros, líquidos, transparentes y sin barreras de acceso, han funcionado, han permitido una asignación eficiente de recursos y han creado mucha riqueza. Los mercados precisan una regulación, por supuesto, pero esa regulación no puede perjudicar la libertad de mercado, porque dañarían los mecanismos de formación de precios, produciendo una mayor desconfianza.
¿Cuál de las dos alternativas tiene razón? ¿La keinesiana, que apuesta por un papel más importante del Estado, de mayor intervención, de reinventar el capitalismo, apoyando el gasto público a tope, con lo que funcionarios y políticos salen fortalecidos, con más poder y recursos, a costa de consumidores y agentes? ¿O la liberal, que intentará no devaluar los recursos, ni auxiliar con tanto dinero, sino incentivar la inversión, procurando que el Estado no crezca, ni intervenga tanto -diferencia clara entre Estados Unidos y Europa-? A mí me convence la segunda, la liberal, pero me temo que los vientos soplan neokeinesianos. En definitiva, no hay necesidad de cambio de modelo, exijamos que funcionen los mecanismo de control.
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