
El pasado 27 de febrero de 2024, este mismo periódico informaba de que la Mancomunidad de la Comarca de Pamplona había decidido dos días antes “encargar a la empresa que gestiona las marquesinas la instalación de una pérgola que haga a la vez de marquesina y organice a las personas usuarias que esperan y acceden a los taxis en la parada de dicha estación”. La estación a la que se refería era la de tren.
La noticia tiene varias ”perlas”, propias del No-do de 1950. Según la Mancomunidad, “la instalación de la misma se decidió después de reunirse la MCP con las áreas de Turismo y Seguridad del Gobierno de Navarra, la asociación Teletaxi y la sociedad pública NICDO”. ¿En serio que hizo falta una reunión a cuatro bandas, con toda esta gente, para decidir algo tan de sentido común? ¿Se han dado cuenta ahora de que cuando llueve la gente se moja? ¿Han dedicado tiempo a esto cuando debería de ser una decisión puramente ejecutiva? ¿En qué realidad viven?
Esto no es lo mejor, no. Según la propia MCP esta medida “se encuadra dentro del plan de choque (no reírse) para mejorar la oferta de servicio de transporte” ya que, según informa con razón este periódico, “en la estación son habituales las esperas de cierto tiempo y hay quejas”. Llevamos desde febrero con un plan de choque para mejorar el transporte público de la MCP, taxi incluido. ¿Lo han notado? Yo tampoco.
Seguimos con el surrealismo. Una vez tomada la decisión, es “necesario el visto bueno de ADIF y formalizar un convenio entre MCP y el Ayuntamiento para la financiación”. Parece que hablamos de construir una central nuclear, cuando lo que se trata es de instalar una triste marquesina para proteger a los pobres pasajeros que llegan a las 22:40 (con suerte) a la “moderna y acogedora” estación de tren de Pamplona y tienen que esperar a los taxis (porque hay que esperarlos, sí).
¿Que por qué recupero esta noticia en octubre de 2024? Por dos motivos. Uno, casi anecdótico, porque, como se imaginarán, la famosa marquesina todavía no está construida y “prevén que esté en Navidad”. Alguno se preguntará, con estos plazos, a ver si la marquesina va a ser de Gaudí. O si lo prefieren, en esos 10 meses una empresa privada te levanta un bloque de pisos. Estos, ni una marquesina.
Y segundo y principal, porque es un síntoma de cómo funciona el sector público. De sus ineficiencias, de su lentitud, de su burocracia exasperante, de sus duplicidades artificiales, de sus trámites inventados para justificar puestos prescindibles. En definitiva, de su total falta de contacto con el mundo real y de no poner al cliente, es decir, al contribuyente, en el centro de sus políticas. Tan solo imaginen esto en una empresa privada que compitiera por el cliente y tendrán clara la diferencia.
Álvaro Bañón Irujo. Economista y miembro de Institución Futuro