“No hay país donde la ley pueda preverlo todo y donde las instituciones se basten para sustituir a la razón y a las costumbres” La Democracia en América. Alexis de Tocqueville. 

 

Asistimos a un fin de época, los valores en que se fundamentan nuestra convivencia se han resquebrajado. La izquierda y la derecha llevan demasiado tiempo socavándolos, prescindiendo de ellos en la práctica. Todo ha estado demasiado mediatizado por lo económico, focalizado en el corto plazo. Los unos abandonaron su ideología después de la caída del muro, y entraron en la deriva del seguidismo de la derecha en lo económico, y del apoyo de los derechos de minorías radicales. Los otros se han centrado demasiado en la proclamación de las excelencias del régimen liberal. Sólo persiguiendo “la pasta”, abandonaron la lucha por las ideas y los valores. ¡Daba igual! el nivel de crecimiento económico lo justificaba todo, y permitía a todos vivir por encima de sus posibilidades. 

Ahora con la crisis, es más patente, que fuimos demasiado lejos, hay que reenfocar las cosas, y pagar lo que debemos. Pensábamos ¡que el crecimiento económico no decaería! y que se podía estar ¡permanentemente ampliando viejos derechos e introduciendo nuevos! ¡que el estado de bienestar era inmutable! y se llegó hasta pensar que ¡jamás bajarían los pisos! Todo eso se lo ha llevado la crisis.  

Si a ello sumamos los numerosos casos de corrupción, la desafección ciudadana hacia los políticos y su política aumenta. Su efecto es demoledor, está claro que si hay corrupción en política es porque hay políticos corruptos. Pero ¡no seamos ingenuos! la corrupción siempre existirá, pero no por frecuente e histórica se convierte en ética o moral, robar siempre es escandaloso, y en el ámbito de la política es mucho más grave, puesto que los políticos representan a la ciudadanía, y hay que exigirles un comportamiento ejemplar. Todo corrupto, ha sido tentado por un corruptor y éste se justifica, y argumenta que si quiere conseguir un contrato o una licitación “necesarios para mantener los puestos de trabajo” debe `pasar por el aro´. Detrás de la corrupción, está ¡el negociete o el negociazo! de empresarios sin escrúpulos, que pretenden jugar con ventaja, rompiendo las leyes del mercado. Todo régimen democrático debe combatirla con la aplicación estricta de la Ley.  

Es un placer ver como en EE.UU, una vez interrogados por el Congreso, muchos Madoff después de procesos judiciales cortos y rápidos, pasan a la cárcel. No todo se puede prever, como piensan los socialdemócratas europeos: siempre quieren legislar todo –agrandando la administración, con controles cada vez más costosos-  y así quedarse  tranquilos. Hay que aplicar el sentido común, las costumbres, las leyes vigentes para castigar a los culpables, y no darles el dinero de todos -vía impuestos- para salvar a sus bancos, socializando pérdidas, en vez de empapelar a los culpables. Es necesaria mayor transparencia y limpieza democrática. Sin ser catastrofistas, corremos el riesgo de que estas graves deficiencias socaven la democracia. Sólo una regeneración moral podrá disminuir la corrupción y los delitos económicos, y así acercar de nuevo a los ciudadanos a participar de la vida pública. 

Si políticos con poca credibilidad piden sacrificios a una ciudadanía desafecta, por la continua bronca política, por el despilfarro de los dineros públicos -que no es corrupción, pero sí su mal uso-. Así es mucho más difícil, que consigamos arrastrar a la ciudadanía por la senda del sacrificio y de la austeridad. Pero ello no justifica ni excusa, que no debamos arrimar todos el hombro, dada lo grave de la actual situación económica. 

Salir de la grave crisis, implica sacrificios y esfuerzos. Antes fueron las subprice, ahora la desconfianza por el gran déficit público de determinados países, cómo España, que se piensa que son impagables. Necesitamos reforzar la confianza de los inversores, y la rectificación gubernamental ha sido necesaria, pero hay que seguir haciendo muchas más cosas. Habrá que tocar a todos los gastos y a todas las personas, ya que no basta con rebajar el gasto público, hace falta que vuelva el crédito para lo que es necesario reformar el sistema financiero, afrontar la necesaria reforma laboral, la del sistema de pensiones, abaratar la energía. Necesitamos reformas que no pueden esperar pues de lo que se trata es quitar obstáculos para que volvamos a niveles de crecimiento que posibiliten el aumento del empleo, con lo que disminuirían los gastos y aumentarían los ingresos fiscales, por una mayor actividad. Hay que aprovechar la ocasión para colaborar los dos grandes partidos nacionales y volver la vista a los valores que han sostenido nuestra civilización occidental y sobreponernos al ¡mal de fondo! que ha provocado el alejamiento de dichos principios.

Entradilla:
Asistimos a un fin de época, los valores en que se fundamentan nuestra convivencia se han resquebrajado. La izquierda y la derecha llevan demasiado tiempo socavándolos, prescindiendo de ellos en la práctica.
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