El cálculo de la Institución Futuro sitúa a Navarra en el 24º lugar en una clasificación que la compara con los 27 países de la Unión Europea. Así, un ciudadano medio de la Unión Europea termina de pagar sus impuestos el 28 de mayo, mientras que un español lo hace una semana antes. Dinamarca (29 de junio) y Suecia (25 de junio) son los países con una presión fiscal más elevada, mientras que Eslovaquia y Lituania mantienen la fiscalidad más complaciente.
El informe tiene en cuenta los impuestos que pagan los empleados, pero no las cargas a la Seguridad Social que abonan las empresas. Así, se han computado las cotizaciones a la Seguridad Social por parte de los trabajadores, el IRPF, el Impuesto sobre el Patrimonio, el Impuesto de Sucesiones y Donaciones, el Impuesto de Bienes Inmuebles, el impuesto de circulación, los Impuestos Especiales (alcohol, tabaco e hidrocarburos) y el Impuesto sobre el Valor Añadido.
Julio Pomés, director de Institución Futuro, recalcó que el hecho de contar con una presión fiscal más elevada no es sinónimo de un mayor bienestar. “Así, Irlanda tiene una fiscalidad relativamente baja y existe un importante bienestar. Y Navarra, por ejemplo, dedica más dinero a educación y sanidad que otros países con un modelo de estado más grande”. Asimismo, aclaró que tener una presión fiscal más baja que la media española no quiere decir que Navarra “sea insolidaria con el resto de las regiones”. “Tenemos una tasa de paro muy baja y compensamos con las cotizaciones a la Seguridad Social”, dijo.
gasto y necesidades frívolas Pedro Schwartz, catedrático de Historia de las Doctrinas Económicas de la Universidad de San Pablo CEU, alertó de que “el impuesto total es el gasto total” y de que al importe de la deuda pública, situada en torno a un 36% del Producto Interior Bruto de España, hay que añadir los pagos de las pensiones que se pagarán en el futuro. “Esto equivaldría al 120% del PIB. Por lo tanto, o lo pagamos con más impuestos o rebajamos las promesas hechas”.
Schwartz señaló que “el Estado gasta cada vez más dinero” y destacó la conveniencia de que, mediante actos como el de ayer, “los ciudadanos digan a los políticos que el dinero no les pertenece, como a veces puede parecer”. Y del mismo modo, incidió en la necesidad de controlar el gasto, tanto por parte de las administraciones como de los propios ciudadanos. “A veces -dijo- se plantean necesidades frívolas”.