
En la vida hay dos cosas inexorables: la muerte y los impuestos, decía Benjamín Franklin. Falta poco hasta el inicio de la campaña de la renta (comienza el 21 de abril) y los ciudadanos ya estamos pensando en si estaremos en el grupo de los afortunados a los que la declaración les resultará a devolver o, por el contrario, entre los que tendrán que pagar.
Es bien sabido que los impuestos que ciudadanos y empresas pagamos representan la fuente de recaudación fiscal que, junto a otro tipos de ingresos, el gobierno utiliza para financiar el gasto público. Sin embargo, la crisis económica también está afectando a los impuestos, y está siendo la principal responsable de la merma de la recaudación fiscal. En 2008, ésta cayó en Navarra un 8,28%, frente a la recaudación fiscal del 2007, de modo que el año pasado se recaudaron 328,71 millones de euros menos que en 2007, y 387,8 millones de euros menos de los presupuestados, lo que generó un saldo negativo de 220 millones de euros.
Los impuestos más ligados a la actividad económica, como el IVA y el impuesto de sociedades, son los que más se han resentido. En cambio, se ha registrado un ligero incremento de la recaudación del IRPF. Los impuestos también se han visto severamente afectados por el bajón del sector de la construcción. La crisis inmobiliaria se nota en el Impuesto sobre Transmisiones Patrimoniales, cuya reducción refleja directamente la importante caída de ventas de viviendas de segunda mano. Otro impuesto afectado por la compra de vivienda es el de Actos Jurídicos Documentados que grava las escrituras de las hipotecas. La suma de todos estos impuestos y otros impuestos tanto directos e indirectos no mencionados hacen que el año 2008 se cierre provisionalmente con una recaudación fiscal (excluidos los beneficios fiscales) de 3.244 millones de euros.
¿Pero qué es lo que nos espera en 2009? Para el año que acabamos de empezar, está previsto un incremento de la recaudación fiscal del 1,86%, hasta alcanzar los 3.304 millones de euros. Teniendo en cuanta que las previsiones de crecimiento para 2009 son negativas, el incremento de la previsión de recaudación fiscal presagia un aumento de la presión fiscal soportada por la sociedad navarra en su conjunto (ciudadanos y empresas). De hecho, en los últimos 5 años, la presión fiscal en Navarra ha ido aumentado, de modo que la liberación fiscal llega cada ves más tarde, tal como lo viene reflejando la iniciativa del Día del Contribuyente de Institución Futuro; si en el 2002 la liberación fiscal llegaba a Navarra el 15 de abril, en 2007 se celebro el 26 de abril, 11 días más tarde.
Es cierto que no se puede aumentar el gasto público con el fin de implementar medidas para paliar la crisis sin aumentar la recaudación fiscal, pero el aumento de la presión fiscal difícilmente puede ser la solución. Para los economistas es bien conocido el efecto Laffer: cuando los tipos impositivos son suficientemente elevados, si se suben aún más, los ingresos recaudados terminarán disminuyendo, y más en tiempos de crisis.
No sabemos si nuestros gobernantes desconocen o simplemente ignoran la teoría económica, ya que una de las medidas adoptadas el pasado año ha sido la de incrementar del 15% al 18% el tipo de gravamen aplicable a la parte especial del ahorro. Aunque dicha medida se implementó para incrementar la recaudación, su efecto podría reducir el ahorro, ya de por si mermado por la crisis económica, y por tanto disminuir la base impositiva y, en consecuencia, la recaudación.
En momentos de crisis como la actual, lo que se busca son políticas de reactivación económica y una de ellas es la política fiscal: a través de la reducción de los impuestos, los ciudadanos tenemos más renta disponible para el consumo y el ahorro. Por tanto, a través del consumo, se fomenta la demanda agregada, el crecimiento económico y el empleo y, a través del ahorro, se aumentan los niveles de liquidez del sistema bancario y se potencia la oferta de créditos.
Hasta ahora, las principales soluciones ofrecidas para paliar la crisis han sido el incremento del gasto público como política de reactivación económica y el endeudamiento al máximo del sector público para sustentar dicho gasto. No obstante, habrá que platearse también si una medida más adecuada, eficiente e inmediata de reactivar la economía sea quizá la reducción de los impuestos para que el que aumente el gasto sea el ciudadano y no el sector público. Lo que se debe perseguir en momentos de crisis como el actual es eliminar los obstáculos al ahorro, a la inversión y al desarrollo del tejido productivo, de modo que la política fiscal se centre en la reducción de las cargas impositivas y en la reducción del peso del sector público en las actividades productivas. ¿Qué mejor momento que el actual para reducir los impuestos e implementar reformas económicas profundas?
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