Una de las preguntas que se plantean para dar inicio a su exposición es la de qué podemos hacer ciudadanos y empresarios para capear la crisis.
Esa es una pregunta que más bien pueden hacerse los Gobiernos. La vida es cíclica, a veces hay momentos de bonanza y épocas de crisis, y en éstas es más importante llevar una vida ordenada, austera, rigurosa, donde la capacidad de gasto esté en consonancia con la capacidad de generar ingresos. En el caso de las empresas, en tiempos de crisis, eso se traduce desgraciadamente en que no pueden estar llevando a cabo actividades que no son rentables y muchas veces eso quiere decir ajustes de empleo para impedir que luego desaparezca la empresa. Más vale no contratar o ajustar ligeramente la plantilla que tener que echar luego a todo el mundo porque la empresa quiebra. Si la empresa no tiene beneficios, no sirve a la sociedad.
Hay sectores que están notando más la crisis que otros. ¿Cuáles son los que más se van a encoger?
Sin duda, el de la construcción residencial, que ya ha tenido un ajuste, y va a seguir. También el de la intermediación inmobiliaria, que es un sector diferente, y el sector financiero. Hasta ahora, el boom de la construcción todavía se mantiene para las casas que se han terminado en los últimos meses, pero eso va a caer en seco. Antes era imposible encontrar carpinteros. En unos meses, será mucho más fácil.
¿Cuál es su análisis de la realidad actual?
Esto está muy mal, es evidente que se ha desacelerado mucho, pero está mucho mejor que mañana. Está peor que ayer pero mejor que mañana. El fondo de la situación se alcanzará en 2009. Eso se puede afirmar con certeza casi matemática. La otra cuestión, y más difícil de contestar es, y a partir de ahí, qué pasa.
¿Por qué hemos alcanzado esta situación?
El problema es que hemos llevado a cabo una política de gasto público como si fuéramos un país mucho más rico de lo que verdaderamente somos. Durante un tiempo, eso ha funcionado y nos ha hecho crecer más de lo que podíamos crecer.
En la Comunidad foral existe el plan Navarra 2012, un impulso del Gobierno para frenar la desaceleración a través del impulso de una serie de obras públicas. ¿Qué opinión le merece?
La obra pública es una de las pocas partidas de gasto público que tiene sentido acelerar durante una crisis porque, a diferencia de otros componentes del gasto público, contribuye a estimular tanto la oferta como la demanda. Pero, dicho esto, habría que matizar que es difícil que un euro esté en otro sitio mejor que en el bolsillo de un ciudadano. Uno de los problemas que tenemos en España, no tengo ni idea en Navarra, es que el gasto en obra pública, en infraestructura, no ha sido productivo, quizá no ha sido todo lo productivo que podía haber sido.
¿A qué se refiere?
Por ejemplo, si yo quito el peaje de una autopista lo único que voy a hacer es que 2.000 ricos vayan de Jerez a Cádiz sin pagar, cuando ese dinero hubiera sido mucho más productivo si lo dedico a ordenadores para colegios. Siempre hay una alternativa al gasto público que es quitarle impuestos al ciudadano.
¿Quitarle impuestos como en el caso de la deducción de los 400 euros?
Eso no es quitar impuestos al ciudadano, es hacer una transferencia. Quitar impuestos es algo más permanente. Esa medida me parece una típica insensatez electoralista.
Esta coyuntura más negativa puede acentuar problemas como el de la precariedad, ¿no?
Es que antes ni siquiera había precariedad, va a empezar ahora. Ahora la gente va a darse cuenta de que ese contrato temporal que antes se renovaba de manera continua, ahora ya no lo hace. Me temo que desgraciadamente vamos a ver que hay cosas mucho peores que un contrato temporal.
Parece más partidario de la flexibilidad.
Yo no, es la realidad económica. Entiendo que todos quisiéramos un empleo de por vida y sin salir de casa. Pero también me encantaría que los matrimonios fueran eternos y no se separaran, pero parece que el mundo funciona de otra manera. Si hay flexibilidad, es más fácil para alguien que esté en el paro encontrar trabajo. Para mí, una sociedad óptima es aquella con el mayor empleo posible.
Algunos de esos planteamientos parece que van en contra de medidas como el teletrabajo o la reducción de jornada por cuidado de hijos.
Desgraciadamente, la mujer tiene una serie de dificultades mucho mayores que el hombre y hay que prestarle mucha atención. El hombre no tiene el hijo, físicamente. Soy partidario de que exista discriminación positiva en este sentido. Los impuestos, en algunos casos y de una determinada forma, deberían ser menores para las mujeres trabajadoras. Pero no podemos tener conciliación sin un mercado laboral más flexible.
¿Y por qué no se trabaja en esa línea?
No sé qué pasa, que la gente no lo entiende o no quiere entenderlo. En este país se prefiere escuchar al sindicalista en vez de al economista.