Diario de Navarra, 28 de noviembre de 2011
Entrevista a Daniel Innerarity, conferenciante con Institución Futuro, realizada por Marialuz Vicondoa

Aúna mundos que parecen antagónicos, como son la filosofía y la política. Daniel Innerarity (Bilbao, 1959) dice que son compatibles, “siempre que se sepa en qué espacio se está”. Catedrático de filosofía política y social, colaborador de medios como El País, El Correo-El Diario Vasco y de la revista Claves de la Razón Práctica, se dedica en la actualidad a la investigación, como director del Instituto de Gobernanza Democrática, un centro de investigación relacionado con la UPV.

Desde esta atalaya, no sólo observa, sino que se implica en la política como afiliado al PNV, partido del que ha sido candidato. “Nunca he abandonado la política como compromiso ciudadano con los ideales que tengo”, argumenta. Invitado por Institución Futuro, acudió a la CEN a impartir una conferencia sobre “La política después de la indignación”. 

¿Qué opina de que sean los tecnócratas los que gobiernen países como Grecia o Italia?

La legitimidad que tienen los gobiernos tienen varias divisiones. Una va de abajo a arriba, por mandato expreso, por apoyo popular. Pero hay otra legitimidad que tiene que ver con la capacidad que esos representantes tienen para resolver problemas, con su competencia técnica. Hay un equilibrio difícil entre ambos. Tan malo sería tener gente muy representativa pero no experta, como tener técnicos que no los apoya nadie. Pero en este momento de emergencia, dada la naturaleza de la crisis y dado que ha habido algunos gobiernos frívolos, como en Italia y Grecia, entiendo que el péndulo se ha desplazado un poco hacia la competencia técnica de la gobernanza.

Ya. Pero eso ¿le parece bien?

Sí. Me parece bien, siempre y cuando sea provisional y sea corregido por medidas de representación. Y todo parece indicar que estos gobiernos han nacido a plazo fijo, para unas medidas muy concretas y con una provisionalidad que permite su justificación en términos de legitimidad democrática.

¿Aunque los tecnócratas provengan de Goldman Sachs?

Eso es otro asunto. En estos momentos, las relaciones entre el poder político y económico es una de las cuestiones más inquietantes que hay. Pero eso no tiene que ver con la competencia. En un momento de desbarajuste como el actual, que un técnico sea el que gobierna no me importa. Hay que tener en cuenta que a Berlusconi, cuyo poder consistía en el apoyo popular, no le han echado los italianos, le han echado los mercados, afortunadamente.

¿Le preocupa la presencia de Amaiur en las instituciones?

Me parece que es un avance que un ámbito de la sociedad vasca que estaba fuera de las instituciones vuelva a ellas. Es un procedimiento que favorece la irreversibilidad de la superación del terrorismo.

¿Quiere decir que así es más fácil el cese definitivo del terrorismo?

Sí.

¿Y si no cumplen los requisitos?

A mí me parece que tiene que estar, forma parte del paisaje de este país, nos guste o no.

¿Aunque no condenen la violencia?

Mmmm…, sí. Para que alguien se presente a las elecciones no se le exige que condene la violencia. Otra cosa es el juicio moral que a mí me merezca una opción política de ese estilo y dentro de Amaiur hay una gran heterogeneidad, hay gente que ha estado inequívocamente en contra de la violencia y no están ahí por haber cedido a sus principios.

¿Cómo caben los principios nacionalistas en un mundo con problemas globales que busca soluciones globales?

La palabra nacionalismo está cargada de connotaciones que la hacen muy ambigua. Pero si entendemos por nacionalismo la defensa pacífica de la nación vasca, de su identidad, en un mundo interdependiente, no hay ninguna incompatibilidad entre lo local y global. Es más, quienes más sufren en el proceso de globalización son los estados nacionales y no tanto las regiones porque son los que están frenando el proceso de unificación europea.

En las últimas elecciones el nacionalismo se ha dividido, ¿signo de debilidad?

Yo no lo diría así, lo que creo que ha pasado es que hay dos modelos de país muy distintos. No voy a calificar al otro, pero el modelo de país de Geroa Bai, y antes de Nafarroa Bai, es un modelo de país abierto, moderno, respetuoso con el espacio de decisión de navarra, que conecta con lo que ha sido tradición institucional. Frente a eso hay otro espacio diferente. El proceso va a seguir así, no va a haber confluencia entre los dos mundos.

Acceso íntegro a la entrevista