Diario de Navarra, 24 de octubre de 2013
Belén Goñi, directora general de Institución Futuro
La representante del Gobierno de Navarra en Bruselas deja su puesto. Seguro que muchas personas aplaudirán este cese voluntario, porque así el Gobierno tendrá un gasto menos. ¡La ignorancia es atrevida! La marcha de María Lozano Úriz, sin poder realizar el debido traspaso de papeles y contactos a nadie, es una gran pérdida para Navarra.
Lo cierto es que, nos guste o no, Bruselas rige ya muchos de nuestros destinos. Se estima que en campos como la agricultura, el medio ambiente o la regulación financiera, en torno al 70-80% de la legislación viene determinada por la UE. Además, Bruselas reparte una no desdeñable cantidad de dinero en ayudas, convocatorias y fondos a Administraciones y empresas. Lo que en Bruselas se debate y aprueba puede ser una oportunidad o una amenaza para Navarra y tener la información a tiempo resulta fundamental. Para conseguirlo es necesario poseer los contactos adecuados que proporcionen esa información.

Soy consciente de que muchos ciudadanos no saben para qué sirve ni qué hacía la oficina de Navarra en Bruselas. Permítanme que arroje un poco de luz. Por un lado, la mayoría de las 273 regiones europeas tienen oficina en Bruselas. Todas las españolas (salvo Castilla La Mancha que está en ello) y, por ejemplo, todas las alemanas. Navarra tenía en Bruselas una pequeña oficina en la que trabajaban dos personas (la delegada y su secretaria) y por la que a lo largo de estos años han ido pasando distintos becarios y otras personas de la Administración que tenían que trabajar por un tiempo desde Bruselas. Dicha oficina se coordinaba habitualmente con las oficinas de las demás comunidades autónomas y con la representación permanente de España en Bruselas, donde ahora se aloja. El reciente cambio de sede ha permitido ahorrar en coste de oficina, pero ha hecho imposible que becarios y otros navarros puedan utilizarla.

Su directora, María Lozano, llevaba 12 años trabajando en ella, su red de contactos era inmejorable, así como su conocimiento de varios idiomas, su capacidad para estudiar documentos europeos y estar al día de lo que allí acontecía en campos muy diversos. Si le añadimos su gran vocación de servicio y su inteligencia para conectar redes y actores, se concluye que teníamos un tesoro que, además, formó generosamente a todos los becarios que pasaron por allí y a todo aquel navarro que lo necesitó.

Pondré algunos ejemplos concretos de las acciones que desarrollaba la oficina de Bruselas en su doble vertiente de proveer a Navarra de la información valiosa de la UE y de dar a conocer y poner en valor nuestra región. En varios ministerios está establecido que cada seis meses una comunidad autónoma, en representación de todas las demás, acompañe al ministro en sus negociaciones en Bruselas. Eso exige que dicha comunidad recoja sus inquietudes y haga de correa de transmisión con las demás. Cuando esa representación le tocaba a Navarra era la oficina la que ayudaba a coordinar todo ese trabajo a los departamentos del Gobierno foral.

Cada vez que algún miembro del Gobierno, empresas o universidades necesitaba ir a Bruselas, preparaba visitas y contactos relevantes. También acudía a reuniones para representar a otros, estaba alerta sobre los temas que se le solicitaban y, siempre que detectaba una oportunidad, pasaba la información a los interesados. Dado su conocimiento de Europa, ayudaba a buscar socios europeos a los agentes y empresas navarras y, por ejemplo, entró a liderar el grupo de bioeconomía de la red de investigación e innovación de las regiones europeas (ERRIN), dando así entrada a los agentes navarros de este sector. También ayudaba a Navarra a “rebañar” los fondos que otras regiones no se gastaban.

Por lo que se refiere al campo de la innovación, además de abrir una línea directa con el gabinete de la comisaria, en el tiempo que se colaboró estrechamente con la oficina, la cifra de fondos que llegó a la Comunidad Foral creció de 16 millones en el periodo precedente, a los más de 50 millones en el periodo actual. Podría citar muchos más ejemplos y seguramente me estoy dejando cuestiones importantes pero creo que todo lo expuesto da una idea de a qué se dedicaba la oficina Navarra y de la utilidad de la misma.

Bruselas es un entramado complejo en el que saber quién es quién y tener los contactos adecuados es de enorme valor. Entiendo que en época de recortes haya que estudiar con cautela en qué se gasta cada euro público, pero hay cosas que suponen un mínimo ahorro y un gran coste que sufriremos a medio plazo. Creo que en el caso de Bruselas ha faltado visión estratégica. Hemos perdido toda esa riqueza e información: los contactos, la experiencia y las redes no pueden pasarse en un USB. Espero que sea posible sustituir a María Lozano por alguien de similar valía y con conocimiento de la plaza pero créanme, será difícil.

Institución Futuro
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