Expansión, 17 de diciembre de 2005
Julio Pomés, Director de Institución Futuro
Mientras la mayoría de los países de la UE languidecen, Estados Unidos, a pesar del imponente déficit de sus balanzas, sigue creciendo poderosamente. ¿Cuál es el secreto de la vitalidad económica del coloso americano?
Mientras la mayoría de los países de la UE languidecen, Estados Unidos, a pesar del imponente déficit de sus balanzas, sigue creciendo poderosamente. ¿Cuál es el secreto de la vitalidad económica del coloso americano?
Adelanto que, para incitar al cambio de chip que precisa nuestro anquilosado continente, acentuaré el contraste de culturas entre ambos lados del Atlántico. También, buscando una mayor dicotomía, excluiré de la comparativa a las Islas Británicas, en cuanto que en algunos aspectos representan una transición entre las dos mentalidades a analizar. Enumeraré algunos elementos distintivos de EEUU que pueden esclarecer por qué Europa es menos competitiva.
1) Optimismo. Es un factor puramente cultural, pero cualquiera que haya estado en EEUU lo puede confirmar. Tomemos como ejemplo la constante angustia sobre las crisis en la UE, tan palpable con las negativas francesa y holandesa a la Constitución. Fue un ataque de europesimismo absurdo. Sin embargo, en EEUU tuvieron al mismo tiempo el Katrina, la destrucción total de Nueva Orleans, la guerra de Irak, una coyuntura al borde de la suspensión de pagos de General Motors y de Ford, un aumento impresionante del déficit público y el procesamiento de un miembro del gabinete de Bush (Lewis ‘Scooter’ Lobby) A pesar de todas estas desgracias, nadie cuestionó a EEUU como nación.
2) Filosofía política. EEUU es un país asentado sobre la idea de erigir una nación nueva, sin los presuntos ‘vicios’ del resto del mundo. Por el contrario, la construcción europea se basa en razones defensivas de por qué nos conviene unirnos, tales como el temor, tan vivo en los años 50, de que pudiera repetirse una confrontación bélica entre Alemania y Francia, el recelo de las intenciones norteamericanas sobre Europa y el asegurar nuestros mercados comerciales. Hoy hemos adoptado una posición continuista abandonando el proyecto innovador que tuvieron estadistas de la talla de Schuman, Monnet y Kohl.
3) Capacidad de asumir riesgos. El americano medio acaba la carrera de Medicina debiendo 100.000 dólares al banco en créditos que ha solicitado para estudiar, cantidad que asciende a 150.000 en los casos que hayan combinado un bachellor y un postgrado (por ejemplo, el programa conjunto de SAIS y Wharton). Un europeo es improbable que se atreva a endeudarse porque le falta confianza en sí mismo.
4) Espíritu emprendedor. En EEUU existe una actitud emprendedora asombrosa y, al mismo tiempo, una tolerancia al fracaso empresarial admirable. En Europa, si alguien se arruina está acabado para siempre y nunca se desprenderá del sambenito de fracasado. En EEUU, muchos millonarios se han arruinado una, dos tres veces y no pasa nada.
5) Apertura a nuevas ideas. No sólo desde el punto de vista empresarial, sino también desde el político. El Partido Republicano es una máquina de generar ideas. Incluso si nos ceñimos a la guerra de Irak, la filosofía política que subyace (transformar Oriente Medio) es tremendamente revolucionaria y no corresponde a un país hegemónico como EEUU, que en teoría debería estar tratando de conservar el statu quo (a los neoconservadores les gusta decir que EEUU es una potencia transformacional, esto es, que trata de cambiar el mundo).
6) Ambición. EEUU está convencido de que debe jugar un papel central en el mundo y de que es el mejor país sobre la faz de la Tierra. En Europa nos resignamos a seguir siendo una medianía llena de desprecio hacia lo que nos supera.
Es probable que la clave esencial que explica esas ventajas de EEUU sobre Europa sea la diferente actitud de los norteamericanos para afrontar sus desafíos personales. Debajo de esta mentalidad subyace un concepto distinto de la libertad. El europeo atribuye al Estado una cierta legitimación como dispensador de esta gracia. La explicación de esta sumisión puede estar en nuestra historia y especialmente en esos períodos en los que la monarquía tuvo derechos supremos. Los europeos acatamos el poder del Estado sobre nosotros, sumisión que conlleva el encontrar lógico que se ocupe de solucionarnos nuestros problemas. Por el contrario, el americano considera que la libertad le pertenece de un modo absoluto y que, si le cede parte de la misma al Estado, lo hace más por necesidad que por gusto.
Institución Futuro
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