“Todo lo que es necesario para el triunfo del mal, es que los hombres de bien no hagan nada”

Edmund Burke

En Europa tenemos muchos problemas, no sólo económicos, sino también otros muchos: estratégicos, diplomáticos y demográficos. Todos ellos agravados por el problema moral e intelectual, que es el más importante y el que hay que afrontar para solucionar bien el resto. Ciertos progresistas, llevan mucho tiempo intentando que los demás repudiemos los mismos valores que ellos repudian. Desde aquel movimiento de mayo del 68, socaba nuestra autoestima atacando una y otra vez todo lo bueno y positivo que representan nuestros valores occidentales. Éstos les incomodan profundamente y no quieren que nos sintamos orgullosos de: la ayuda de los estados y de la sociedad civil a países en desarrollo, de nuestra aportación al desarrollo de la ciencia, de la técnica y de las artes; del respeto a los derechos humanos, del principio de la separación de poderes, y por supuesto del cristianismo, que es su principal obstáculo ideológico.

El relativismo que propugnan, cada vez se muestra más fuerte, cada vez son más los europeos que piensan que nada es verdadero. Reducen su discurso político y moral a meros sentimientos, emociones o figuras poéticas, así que para estos relativistas, la verdad ha pasado a ser algo meramente subjetivo. Valorar la moral y la política o el concepto del bien, depende también de cada cual. En nombre de la tolerancia y del respeto no se hace sino alimentar un discurso lleno de nihilismo cultural, así para ser tolerante no hay que pensar ni creer en la verdad, sino pensar y creer en `mi´ verdad.

Esta forma de pensar es contraria al verdadero espíritu europeo, ya que llevado a un extremo niega el pluralismo político. El pluralismo necesita de conciencias libres, con principios y valores normales, que se pongan en discusión en la vida pública. No es cierto que cada cual deba dejar sus principios morales en casa, ni que estos sean exclusivamente del ámbito privado, como una y otra vez nos dicen; precisamente debemos comunicarlos a los demás con libertad y respeto. Esta combinación de respeto a la verdad y de libertad para buscarla es el fundamento último de la cultura y la democracia europeas.

Por el contrario este relativismo lo estamos padeciendo ya: puesto que muchos europeos no creen que nuestra cultura merezca ser defendida. Tienden a ceder ante cualquier postura extremista con fuerza suficiente, propugnan un pacifismo bobalicón, parecen ser eternos adolescentes que mantienen una dependencia contradictoria -de amor y odio- con los Estados Unidos. Mientras el parlamentarismo, el pluralismo político y la propia democracia presentan síntomas de debilidad –falta de liderazgo, corrupción, clientelismo, no defensa de valores- el islamismo tiene cada vez más fuerza ideológica en Europa. Este choque entre una creencia sólida por un lado y una falta de creencias por el otro, sólo puede tener un resultado negativo. Sin tomarse en serio el futuro de sus hijos, muchos europeos están dejando el continente ante un futuro incierto.

Si la verdad y el bien, se limitan a lo que cada uno de nosotros pensemos de ellos, entonces la razón política y el discurso intelectual acabarán por reducirse a una mera razón instrumental. Servirán para alcanzar o mantener cuotas de poder político, siempre cortoplacistas, aumentaran las tendencias manipuladoras y siempre propagandísticas. Hoy el deterioro de la calidad democrática en Europa es ya un hecho derivado en parte de este relativismo y no es casual el aumento de la corrupción. En nombre de la tolerancia, la democracia y la paz, este relativismo intenta sofocar toda disidencia moral o política en la conciencia humana. El embrión lo vemos ya: en la España actual, cualquiera que tenga opiniones distintas a la de la mayoría social o parlamentaria, es acusado a la mínima de intolerante, de fascista o de reaccionario, aunque las opiniones sean escrupulosamente respetuosas con la mejor tradición parlamentaria y democrática europea.

El discurso dominante nos muestra cómo España se sitúa en la vanguardia de este relativismo intelectual y moral. Llevan muchos años alimentando en todos nosotros un fuerte 'complejo de culpa', remarcando que todos nuestros valores están `contaminados´ por haber sido utilizados en ocasiones para dominar y explotar a los `débiles´. No comprenden nada de la raíz del mal, ni de la concepción del bien. Todo lo relativizan, pues para ellos aparentemente, no hay nada por lo que merece la pena esforzarse, ni luchar.

Entradilla:
“Todo lo que es necesario para el triunfo del mal, es que los hombres de bien no hagan nada”
Edmund Burke

En Europa tenemos muchos problemas, no sólo económicos, sino también otros muchos: estratégicos, diplomáticos y demográficos. Todos ellos agravados por el problema moral e intelectual, que es el más importante y el que hay que afrontar para solucionar bien el resto.
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