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En los últimos días se han conocido una serie de datos que contrastan con la bucólica imagen de la marcha de la economía que nos quiere transmitir nuestro Gobierno. Revisar los datos reales es un sano ejercicio para poder evaluar la realidad de hoy y los riesgos a lo que nos podemos enfrentaren el medio plazo.

De todo lo publicado, destacaría la evolución de los salarios en España en comparación con el resto de Europa, la evolución de los salarios públicos frente al mismo dato en el sector privado y el gasto del sector público. Estos datos tienen y tendrán un efecto importante en la evolución de la productividad, que finalmente será uno de los aspectos que más influirán en la evolución económica de nuestra región.

Hoy, el salario real en España está un 11% por debajo de la media de la OCDE, cuando en 2011 estaba justo en la media. El incremento salarial (a euros constantes) desde 1994 ha sido de un 2,76%, mientras que en países de nuestro entorno el salto ha sido muy superior, como el 21,21% de Portugal y el 63% de Irlanda.

Las causas son varias, pero la principal es que en España nos hemos centrado en actividades de bajo valor añadido. En ellas tenemos éxito pero reduciendo nuestros márgenes; por ejemplo, en el turismo y la agricultura, donde hay que ser muy cauteloso para repercutir en el consumidor final una subida, por leve que sea, de los precios. Sobre todo si no se puede justificar frente a determinados productos que vienen del extranjero.

Esto hace que, en este tipo de sectores, para poder sobrevivir se deben mantener salarios bajos que nos permitan competir en el escenario internacional. Si revisamos los datos de la industria manufacturera, donde el nivel salarial es superior, vemos que el Valor Añadido Neto en España es del 11,8%, casi cuatro puntos porcentuales inferior a la media europea, y en términos de empleo hoy genera el 9,9% cuando el año 2000 este dato el 17%.

Estos dos efectos hacen que el salario medio real apenas aumente. Si queremos salir de esta situación, debemos desarrollar, como han hecho otros países, actividades que ofrezcan valor por el que los clientes estén dispuestos a pagar y que sea difícil que otros lo puedan ofrecer a precio inferior. Como ejemplo, el Gobierno debiera revisar lo que está haciendo el partido laborista inglés en relación con la cadena de suministro del sector nuclear, un sector en el que, polémicas partidistas aparte, sí se puede competir con salarios y márgenes elevados y con un futuro prometedor en el medio plazo.

Si analizamos la evolución de los salarios públicos, pagados por el resto de los españoles que no trabajamos para lo público, podemos observar que estos resultan de media un 44% superiores a los del sector privado. Además, en un Estado que cada año genera más déficit, esta dinámica alimenta un círculo vicioso que se nutre de una continua subida de impuestos y que será muy difícil de soportar por las generaciones venideras sin recurrir a acciones traumáticas. La pregunta que habría que hacerse es por qué algo que debemos soportar entre todos está por encima de lo que realmente puede sostener el país.

En Navarra la situación es todavía más escandalosa, ya que somos la segunda comunidad con más empleados públicos por cada mil habitantes, en concreto 51,3, que cobran un salario medio de 45.130 de euros. Lo que resulta en un coste de personal de 1.849 millones de euros en 2024, un 66% superior al coste de 2018. La clave está en si este aumento ha servido para mejorar realmente la vida de los navarros y el servicio que la Administración nos ofrece.

En cualquier caso, este hecho hace que en nuestro esfuerzo para mejorar la productividad, llevemos la segunda mochila más pesada del país y que una gran mayoría de los jóvenes navarros aspiren a acceder al funcionariado en lugar de optar por la innovación, el emprendimiento y la generación de valor, lo que seguirá alimentando el círculo vicioso.

Aunque la situación no es todo lo positiva que nos quieren transmitir, todavía no es tarde para revertirla y retomar el camino de la mejora y el crecimiento. Para ello se deberían acometer dos acciones urgentes. Por un lado, continuar con la búsqueda de nuevos nichos en los que podamos ser competitivos, pero sin cerrarnos a ninguna opción, aprendiendo de nuestros vecinos y aprovechando, también, lo que nos puede ofrecer nuestro subsuelo.

Y en paralelo, perseguir la mejora en la productividad de Navarra también desde el lado de la Administración, siendo conscientes que el dinero público no existe, sino que, el que emplean, es el dinero de todos y que la mochila que llevamos todos los navarros debería ser aligerada para facilitar el ascenso al pico de la productividad.

Juan Córdoba. Ingeniero Industrial y miembro del think tank Institución Futuro.