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Propongo otra palabra para todos nosotros y para nuestros políticos: fecundidad. Ésta sí que tiene recorrido, ésta sí que vale la pena

Probablemente, los profesores Acemoglu, Johnson y Robinson no sean conocidos por muchos de los lectores si no se explica que han sido los recientes ganadores del Premio Nobel en Ciencias Económicas de este año. El motivo, la demostración empírica del papel crucial de las instituciones en el desarrollo económico de los países y de las regiones.

Ante las preguntas de por qué algunos países son más pobres y otros más prósperos o por qué persisten estas desigualdades, la respuesta de los premiados ha sido que la prosperidad no se debe a causas como el clima, la geografía o la cultura, sino a las políticas dictaminadas por las instituciones de cada país. Dicho de otro modo: los países no conseguirán el progreso económico y social hasta que no dispongan de instituciones gubernamentales que desarrollen políticas acertadas. Políticas que protejan los derechos individuales, garanticen la competencia económica y promuevan la innovación, entre otras. A este respecto, hay entidades como el Banco Mundial que llevan años midiendo la calidad institucional de los países. Tienen en cuenta áreas como la corrupción, la eficiencia de las políticas públicas, la estabilidad política, la calidad regulatoria, el estado de derecho o la rendición de cuentas. Nuestro país, España, ha bajado su puntuación en los últimos diez años en todas las áreas analizadas menos una y el peor resultado, con diferencia, se obtiene en la estabilidad política. Una pena.

Leer la noticia sobre los premiados, las tesis que defienden y no pensar en nuestra Navarra es difícil: una tierra próspera, autónoma, avalada siempre por unas instituciones fuertes: políticas, económicas, jurídicas, educativas…públicas o privadas, que sirven a la sociedad desde su función.

Sin embargo, la tendencia de Navarra en los últimos años parece ser de estancamiento en muchos indicadores importantes, tanto económicos como sociales. Y atendiendo al argumento de los premiados, podríamos decir que esta situación se debe a la -deteriorada- calidad de las instituciones gubernamentales que nos lideran.

Los premios nobel citados añaden más: existen las instituciones inclusivas, que respetan el estado de derecho, sirven a la sociedad que gobiernan e incentivan el buen funcionamiento de la economía, la creación de riqueza y el desarrollo de la sociedad civil. Generan un círculo virtuoso de crecimiento económico, progreso social y mejora continua de la región. Pero también están las instituciones extractivas, donde las élites se sirven de ellas para su propio beneficio, lo que limita el incentivo de la sociedad a generar riqueza, emprender e innovar. Si tuviéramos que categorizar las instituciones políticas navarras, ¿dónde las colocaríamos? Seguramente, y con matices, a medio camino entre las inclusivas y las extractivas. Una pena no poder afirmar con contundencia que en nuestra tierra se posiciona en el lado de las que fomentan el desarrollo. Por eso pediría a los políticos que las lideran que estén a la altura. Navarra es tierra seria, de palabra, de hacer las cosas bien, acabadas, con profesionalidad; generosa y solidaria, de pensar en proyectos comunes, donde el “todos” es algo importante… Ante el honor y responsabilidad de gobernar, ante el reto tan atractivo de lograr el bien común para una comunidad como la nuestra, ¿tan difícil es preocuparse por esto y no tanto por lograr el éxito personal o político?

Siempre me han llamado la atención esos cuadros que todavía cuelgan de las paredes de muchas instituciones con personajes que ya nadie recuerda: prohombres de otros tiempos, muchos de los cuales se pavonearían por su poder, éxito o brillo personal… Creo personalmente que “Éxito” es una palabra vacía, hasta aldeana, que se agota rápidamente en el tiempo y no lejos de donde vivió el personaje. Hija de una sociedad narcisista, le preocupa más la imagen que la realidad. Se dice, se promete, se discursea, pero no se concreta…y no se hace.

Propongo otra palabra para todos nosotros y para nuestros políticos: fecundidad. Ésta sí que tiene recorrido, ésta sí que vale la pena. Urmeneta y Huarte no son recordados como personas de éxito -que lo fueron, como también otros muchos en su época- sino como personas fecundas, cuyo impacto en Navarra todavía redunda en diferentes generaciones. Por eso les reconocemos y les debemos agradecimiento. Y necesitamos personas así.

En Institución Futuro llevamos más de dos décadas velando por los intereses y el bienestar de la región y sus ciudadanos, promoviendo ideas desde nuestra independencia para contribuir al bien común. Pero lograr la mejor Navarra, como bien explican Acemoglu, Johnson y Robinson, pasa por tener las mejores instituciones.

José Ramón Lacosta Aznar. Presidente del think tank Institución Futuro.