
Tenemos un grave problema de mala educación. No sé si hemos asimilado mal los tiempos de bonanza pasados o, simplemente, porque nos consideramos el centro del mundo, pero cada vez hay menos respeto y empatía con el otro.
¿Dónde veo yo mala educación? En la falta de delicadeza que demostramos hacia los demás en nuestras acciones más banales. No se trata solo de cuestiones como no responder a los múltiples correos o llamadas que se reciben aunque sea con una fórmula de cortesía tipo "me ha llegado, luego te comento algo". No. Es algo mucho más grave y que, en mi opinión, lamentablemente va en aumento.
En concreto, me refiero a esa actitud de prepotencia que se ha extendido y que lleva a considerar al otro, sea o no sea prescriptor de nuestros productos o servicios, como "alguien que ha venido a servirme" o, directamente, "un inferior que ha tenido la suerte de tropezarse conmigo en la vida".
De ahí que se haya perdido la buena costumbre de avisar cuando se llega tarde, se abusa del otro interrumpiendo groseramente la actividad que está realizando, obligandole a hacer múltiples modificaciones a la oferta que te plantea sin considerar el tiempo que le va a costar para luego solventarlo con un simple "no, me viene mal" o alargando las reuniones sin considerar que la otra persona también tiene su agenda así como sus propios cometidos que atender.
Bueno, pues modificar todos esos puntos tan nimios es la base para poder llevar a cabo una buena política de atención al cliente y, entonces sí, poner con letras de oro en el frontispicio de nuestra empresa: "El cliente es lo más importante para nosotros". Mientras tanto, mentira cochina.
Leer más