
La preocupación por la conducta de los jóvenes y los valores que la sustentan se ha convertido en un lugar común, pero no por ello ha de perder importancia. En un reciente estudio de la Institución Futuro sobre los valores de la sociedad navarra se destacaba que los jóvenes de la Comunidad Foral muestran una ruptura muy acusada con los valores tradicionales. Esta actitud lleva aparejado un comportamiento de riesgo en relación con asuntos como el alcohol, las drogas, la educación o las relaciones de pareja. Aunque no nos sirva de consuelo, sí conviene apuntar que el problema no es propio sólo de nuestra región o de España en su conjunto. El Institute for Public Policy Research acaba de publicar el estudio Freedom's Orphans Raising Youth in a Changing World, en el que analiza la deplorable situación de una parte relevante de la juventud británica y propone medidas para mejorar el proceso de maduración de los jóvenes.
Para que vean que su situación en el Reino Unido no es mucho mejor, un resumen del estudio comienza diciendo que “de forma preocupante, un número desproporcionado de jóvenes, sobre todo de clase baja, comete actos antisociales, se convierte en padre o madre adolescente y consume drogas y alcohol”. Aparte de lamentarse, la investigación ofrece algunas claves para modificar esta tendencia destructiva de la juventud, que sin llegar al alarmismo, sí deben llevar a la reflexión y a la acción. Entre las recomendaciones del informe están la prevención del consumismo excesivo, mejorar la formación sexual, favorecer las actividades sociales integradas, promover el voluntariado, y fomentar el respeto a la excelencia. Asimismo, los autores hacen hincapié en la importancia del entorno educativo, que ha asumido un protagonismo mayor en la medida en que las familias pierden fuerza en su papel de socialización. Vale la pena leerlo y asumir aquellas iniciativas que también puedan implantarse en Navarra.