
Innovar y emprender aparecen hoy más que nunca como referencias fundamentales para enfrentarnos a las dificultades que cada día se manifiestan en el tejido industrial y empresarial de Navarra y España. Pero ¿qué estamos haciendo realmente para incorporar en serio estos aspectos al día a día de la gestión de las empresas? ¿Cuánto hay de retórica y cuanto de realidad en las ideas que acabamos de enunciar?
La Comisión Europea ha declarado el año 2009 el año Europeo de la Creatividad y la Innovación, pero los últimos datos publicados sobre la innovación en la Unión Europea (UE) no nos presagian buenos augurios. Un año más, España se sitúa en el grupo de países con una “innovación moderada”, por debajo de la media de la UE-27, ocupando el puesto 19 en el Índice Sintético de Innovación, sin mejorar su posición relativa frente a los países de su mismo grupo como Italia, Grecia, Portugal, Noruega, República Checa, Chipre, Islandia, Estonia y Eslovenia.
Los puntos fuertes de nuestra estrategia y políticas públicas han sido la financiación y el apoyo a las actividades de Investigación y Desarrollo (I+D), valorados a través de la inversión pública en I+D; el capital riesgo disponible; el fácil acceso a la financiación y los resultados económicos evaluados en función de indicadores de alta y media/alta tecnología; y, por último, la capacidad para introducir nuevos productos en el mercado.
Resultados más mediocres se manifiestan en las áreas relacionadas con las empresas como son la inversión empresarial, la cooperación y la actividad emprendedora. Estos datos resultan preocupantes porque no hay que olvidar que el entorno y la administración pueden facilitar a las empresas las herramientas necesarias para estimular su cambio y que adopten una estrategia mucho más firme y decidida orientada hacia la innovación, pero es en las empresas donde se genera ésta y donde se crea valor. Por lo que resulta a todas luces necesario fomentar una mayor cultura de la cooperación empresarial como fuente de mejora de la productividad y la competitividad de nuestra economía.
Tradicionalmente, Navarra siempre ha obtenido mejores resultados en Investigación, Desarrollo e Innovación (I+D+i) que la media española, pero sigue estando aún a considerable distancia de los países y regiones europeas más desarrolladas. El último informe regional de innovación sitúa a Navarra en el puesto 76 entre las 208 regiones analizadas; no obstante su nivel de riqueza la sitúa en el puesto 34 entre las regiones de la UE. Existe, por tanto una considerable distancia entre nuestro nivel de bienestar y el esfuerzo de innovación que colectivamente realizamos.
La pregunta que entonces nos tenemos que hacer es ¿Por qué este diferencial de más de treinta puestos? ¿Tiene nuestra Comunidad capacidad para crear mayor riqueza que regiones de su entorno con mejores resultados en innovación? ¿En qué se basa esa capacidad?
Lo cierto es que, una vez que se constatan las limitaciones de nuestro modelo de crecimiento, si Navarra no es capaz de mejorar su capacidad innovadora, tampoco será capaz de mantener su nivel de riqueza relativo a las demás regiones europeas. Los esfuerzos tanto por parte de las instituciones públicas como privadas para fomentar la innovación en la comunidad y en el conjunto de España han sido importantes pero no suficientes para situar a Navarra allí donde queremos que esté en el futuro.
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