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Más allá del ruido constante que percibimos en medios de comunicación y tertulias sobre los grandes problemas que tiene España con la inmigración, conviene también pararse y analizar los aspectos positivos que el fenómeno migratorio supone para nuestro país. Los últimos datos aportados por la seguridad social indican que durante todo 2025 se registraron 204.659 afiliados extranjeros más, hasta alcanzar un total de 3.085.477 personas extranjeras que están cotizando a la seguridad social, lo que representa un 14,1% del total de cotizantes. Más en detalle, Venezuela, Colombia y Marruecos por ese orden, son los países desde los cuales más trabajadores han venido durante el 2025 a nuestro país. Las cifras en Navarra confirman que aquí también se está produciendo esa incorporación de la inmigración al mercado laboral: el 12,7% de los afiliados es extranjero, lo que equivale a 40.369 cotizantes.

En nuestra región, los países de procedencia mayoritarios fueron Marruecos, Rumanía y Colombia. Especialmente llamativos son los datos de los empleos y sectores donde el número de extranjeros ha crecido en mayor medida. El sector del transporte y logística ha sido el que más ha aumentado en España (un 26% más), seguidos por el sector de la construcción y la agricultura. Y un año más, el peso de los trabajadores extranjeros en determinados sectores de actividad sigue siendo especialmente relevante. En hostelería representan ya el 28,8% de los afiliados, seguidos por la agricultura (26%), construcción (23,2%) y transporte (17,7%).

Dato mata relato”. Los extranjeros no nos roban el empleo a los españoles (clásico argumento de mentes obtusas). Al contrario. Los extranjeros cubren cada vez más puestos de trabajo que el ciudadano español no quiere cubrir, sobre todo en sectores donde el trabajo es duro e incómodo. Un reciente estudio realizado en Navarra arrojó la cifra de que casi el 48% de los jóvenes navarros quieren ser funcionarios. Y me parece perfecto. Pero Navarra tiene mucha hostelería, transporte y agricultura. Alguien tiene que cubrir esos puestos si queremos disfrutar de la excelente verdura de La Ribera, de una cerveza y un pincho en la calle Estafeta o que nuestro paquete de Amazon nos llegue a tiempo. España sigue siendo un país que necesita migrantes para que el modelo productivo siga funcionando. Su aportación y estructura es muy importante para el crecimiento del empleo y el desarrollo de la economía.

Detrás de cada una de esas personas que ha podido iniciar su actividad laboral por cuenta ajena o cuenta propia, existe una Delegación de extranjería en cada Comunidad Autónoma que ha revisado, tramitado y concedido su permiso de residencia y trabajo. Delegaciones que, a pesar del ingente volumen de solicitudes que gestionan, dedican ímprobos esfuerzos a tramitar y resolver las solicitudes para que todos esos extranjeros puedan incorporarse cuanto antes al mercado laboral. En Navarra, el aumento de cotizantes extranjeros a la Seguridad Social debe agradecerse en gran medida a la Delegación de Extranjería, que diariamente recibe, gestiona y resuelve muchísimas solicitudes. Por eso creo que es de justicia poner en relieve el trabajo de las delegaciones, una labor que en muchos casos es desconocida, pero que es la base para que todos esos extranjeros hayan podido comenzar su andadura laboral en nuestro país.

La discusión sobre inmigración podrá ser ruidosa, pero la realidad es tozuda: hay sectores que no funcionan sin mano de obra extranjera y nuestro mercado laboral depende cada vez más de quienes vienen de fuera. Negar esta evidencia es renunciar a entender cómo se sostiene hoy la economía española. Si queremos seguir produciendo, exportando, sirviendo y creciendo, necesitamos políticas que asuman este hecho con naturalidad y responsabilidad, lejos del miedo y del eslogan fácil. La inmigración no es un problema que soportar, sino una realidad que gestionar bien para que siga siendo una oportunidad compartida.