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Diario-Diario-de-Navarra-18_04_2022-14

Estos días hemos podido leer distintas noticias sobre temas lingüísticos. En el País Vasco se crea una ponencia con el objetivo de sentar las bases para elaborar una nueva ley de educación para dicha comunidad. Con el acuerdo de todos los grupos menos el PP+C´s y Vox se va a establecer que como mínimo, todos los alumnos del País Vasco deban tener al finalizar la Educación Primaria el B1 de euskera y al finalizar la ESO el B2. La gran mayoría de la población del País Vasco tiene como lengua materna el castellano y el uso del euskera es minoritario, a pesar de no sólo todas las facilidades institucionales, sino del abrumador esfuerzo económico, social y político (que se ha desplegado) para conseguirlo durante los últimos años. A estas alturas, todos sabemos que (para el nacionalismo) el euskera (como otras lenguas cooficiales), es una herramienta, un arma política fundamental para conseguir sus objetivos. Por eso ahora se va a dar un paso de gigante porque el euskera va a ser obligatorio para todos los alumnos en la enseñanza reglada. No va a ser una elección sino una imposición, sin margen para la libertad individual. Cuando el euskera no es obligatorio los ciudadanos no lo eligen mayoritariamente, por eso necesitan imponerlo. El euskera va a ser obligatorio al igual que intentan que lo sea también el nacionalismo.

En Cataluña una reciente sentencia del Tribunal Supremo ha establecido que el 25% de las clases deben impartirse en castellano porque la inmersión decretada por el Gobierno de Cataluña impide la libre elección de lengua en la enseñanza, impartiendo las clases en catalán. Ante esta sentencia que ya es firme, el Departamento de Educación de la Generalidad de Cataluña, es decir una institución oficial que debe ser ejemplar en el cumplimiento de la ley, va a incumplir la sentencia del Supremo con una treta indecente como es un nuevo decreto lingüístico para proscribir la lengua común de todos los españoles.

En la Comunidad Foral de Navarra, el Tribunal Superior de Justicia de Navarra declaró la nulidad parcial del Decreto Foral 103/2017 sobre el uso del euskera en las administraciones públicas de Navarra. En su sentencia consideró que la imposición del bilingüismo en las notificaciones y la comunicación e imagen a la ciudadanía, infringía los derechos lingüísticos de los ciudadanos. Asimismo, consideró no ajustada a la legalidad la pretensión de exigir el euskera como requisito o mérito en oposiciones de funcionarios en zonas de Navarra donde no se justifica ni por el tipo de puesto de trabajo ni por la realidad sociolingüística.

Desde el 2015, año en el que Uxue Barkos llega al gobierno, hasta la actualidad con María Chivite al frente, el presupuesto del Instituto del Vascuence (Euskarabidea) se ha multiplicado por 5, pasando de 2 millones anuales a los más de 10 en la actualidad. El presupuesto para promocionar el euskera en los medios de comunicación de Navarra se ha multiplicado por tres, dedicando este año un millón de euros para dicho objetivo. En el año 2016, el Gobierno de la Sra. Barkos, aprobó el primer Plan Estratégico del euskera al que comenzaron dedicando 2,2 millones de euros el primer año, para incrementar la cantidad hasta 4,6 en tres años, como figura en datos de sendos informes de Institución Futuro. A pesar de tanto empeño y tanto gasto, los alumnos navarros que estudian en euskera con asignatura de castellano no han aumentado en los últimos años. Tampoco es significativo el incremento de personas que hablan euskera en Navarra, que se encuentra en torno al 7%. La libertad de los ciudadanos los lleva a elegir, y es esa libertad la que impide al nacionalismo conseguir los objetivos que desde hace años se ha marcado. Un nacionalismo que necesita la lengua como elemento diferenciador para la construcción nacional. Por eso necesita recurrir a la imposición, de manera sutil y festiva o de manera coercitiva, mediante la obligatoriedad legal. Es grave y preocupante que el Partido Socialista sea cómplice del nacionalismo, promoviendo o amparando leyes claves como la reciente ley Celáa que suprime el español como lengua vehicular.

Hemos visto estos días, un año más, la conocida Korrika en la que desde algunas administraciones públicas se aporta dinero a una carrera para apoyar al euskera. En Navarra hemos visto al presidente del Parlamento Foral participar con una ikurriña en la mano, bandera de otra comunidad que pretenden imponernos como símbolo del nacionalismo vasco, en un acto de desprecio absoluto a los símbolos e instituciones de Navarra y de todos los navarros, a los que nos debe, por cargo, un mínimo de respeto.

En la mentalidad nacionalista la lengua es una herramienta determinante para la construcción nacional. Mismo territorio, misma lengua, misma nación. Por eso en su estrategia el euskera debe ser dominante y hay que obligar a su uso por cualquier medio, desterrando el castellano y por supuesto, y aunque disimulen, poniendo muchos obstáculos para el aprendizaje de lenguas extranjeras como el inglés, que ya hemos visto en Navarra con el modelo British. Persiguiendo la construcción de una identidad, los nacionalistas están mucho más interesados en encontrar diferencias, alimentarlas y explotarlas que en encontrar una convivencia amable. No permitamos que la lengua se utilice para dividir. Tarde o temprano, la imposición se les volverá en contra. El mundo en el que vivimos está más abierto que el ideario nacionalista. La libertad trae prosperidad; la imposición ruina y fracaso.

Amelia Salanueva. Senadora por Navarra del Partido Popular.