
La semana pasada, en la primera parte de este post hablamos de la importancia de tener un modelo mental claro en la cabeza, así todos seríamos capaces de comprender el tema que tratamos para hablar y exponerlo claramente.
Las instituciones y las entidades financieras deberían hablar más claro e incluso la gente debería exigir que se les hablara de forma comprensible, porque hemos llegado a un punto en el que no llegamos a vislumbrar el alcance real de esta crisis, ni por qué ha sido causada realmente. Tan sólo sabemos que estamos mal y que hay que hacer algo.
Con esta misma idea creo que tendríamos que valorar lo siguiente:
1. No se sabe cuál es la dimensión real de la crisis porque ni los que la originaron la han entendido. Crearon una serie de cosas financieras para ganar mucho dinero y las repartieron por el mundo sin tener ninguna moderación. Se han dado cifras escalofriantes que van desde los 100 mil millones de dólares a los 5,3 trillones (con T) de dólares. Está claro que nadie sabe de qué estamos hablando.
2. Esos productos tan complicados no se hubieran repartido por el mundo si los otros bancos que los compraron los hubiesen entendido. Por tanto, han estado vendiendo y comprando cosas que no comprendían. ¿Y quienes son responsables de esto? Los presidentes, consejeros, directores de oficina, empleados, etc. Evidentemente, como consecuencia, el cliente final, en el momento en el que le han comentado que va a “invertir en unos fondos estructurados garantizado por obligaciones” se ha quedado perplejo, intrigado y curioso. Además de tener la sensación de ser un ignorante por no saber de qué le hablan.
Es necesario, por tanto, que en estas cosas se hable claro. Porque si hubiese sido así, el comportamiento de todos los implicados hubiera sido más decente y habrían sido pillados in fraganti intentando embaucar a cientos de personas. Creo que, además de ser ésta una crisis financiera y de confianza, es sobretodo una crisis de decencia. Porque más de uno se ha enriquecido provocándola. Porque creo que el dinero es irrecuperable. Porque nos han metido a todos (al decir todos digo TODOS) en ella. Y porque con el “vale todo” que desde hace unos años se promueve a todos los niveles en la sociedad, damos cancha a que realmente valga todo y sucedan estas cosas.
Aún así, de la misma forma que los Gobiernos de cada país están haciendo lo que buenamente pueden para intentar atajar la debacle económica, nosotros, las personas, tenemos que actuar. Ya tenemos el diagnóstico: una crisis muy gorda. Ya sabemos qué ha fallado: la comunicación, la decencia y el vale todo. Pues ahora pongámonos a hacer lo que realmente sabemos hacer: trabajar. Porque no podemos quedarnos en casa acurrucados diciendo lo mal que está todo y esperando a que alguien nos salve. No. Tenemos que arremangarnos y bregar para salir adelante, porque en el momento en el que salgamos de este túnel – porque saldremos – seremos más fuertes.
Yo suelo recomendar criterios generales porque no me sale ninguna medida concreta que resuelva la situación.
Y estos criterios se basan en tres cosas:
1. El optimismo, entendido como la acción de sacar el mejor partido posible de una situación concreta. Optimismo no es decir “aquí no pasa nada” sino trabajar para salir adelante en un momento tan difícil como este.
2. No distraerse. Debemos centrarnos en las prioridades dejando de lado, inevitablemente, las cosas que ahora mismo no son vitales.
3. Prudencia. Pero con prudencia. Ser creativo o encontrar medidas para paliar la situación nos debe llevar a ser cautos y no dar nada por supuesto.
Con estas ideas, creo que estamos en condiciones para construir personalmente una salida fuerte y sólida de la crisis, dejando todo en nuestras manos y siendo los únicos responsables de nuestro futuro.
Leer más