
Siempre he sido partidario de llamar a las cosas por su nombre. Por eso, cuando he repetido en cientos de sitios que yo de economía no sé nada, es porque realmente es así. Recordé hace poco que, tras licenciarme como Ingeniero, me matriculé en la Facultad de Económicas de Barcelona y que llegué a aprobar, en el único curso que hice, tan sólo dos asignaturas. Con esos “estudios de economía “ que poseo y con el método científico basado en “entender, cortar y pegar” resulta que el Informe que escribí, llamado La Crisis Ninja, me ha convertido en “la persona que mejor explica la situación actual”. Esto me deja perplejo porque pienso que son los medios de comunicación, las entidades financieras, las instituciones y las administraciones quienes manejan los datos y los estudios suficientes como para dar a conocer de una forma clara y sencilla todo lo que está ocurriendo.
Si no ha sido así es porque algo está fallando gravemente.
He llegado a la conclusión de que únicamente con la lectura diaria de un periódico generalista y uno económico, todos podemos saber más que nadie y estar al día. Y entender las cosas. Porque saber explicar algo implica no sólo memorizar hechos sino también entenderlos y saber transmitirlos.
Cuando surge alguien y dice que el origen de toda esta crisis está en los “activos de escasa calidad crediticia”, acto seguido, las personas que están escuchando desconectan porque no entienden nada. Si en lugar de eso se dijera que el origen de toda la situación está en la “hipotecas porquería que se concedieron a personas sin ingresos, sin trabajo y sin propiedades, es decir, a la clásicas personas a las cuales no les dejarías ni cinco euros” resulta que la gente lo entiende y te considera un gurú.
Por eso creo que es importantísimo hablar claro. Y para hablar claro hay que entender lo que se dice. Y para entender lo que se dice hay que tener criterio. Y para tener criterio hay que tener sentido común y evitar el bombardero indiscriminado de información, leyendo con calma todo desde una misma fuente. Y procurar tener un modelo en la cabeza.
Entendí lo del modelo gracias a un amigo que fue ministro hace bastantes años. Él sabía perfectamente que si hacía una cosa concreta, se iniciaba un mecanismo que ponía en marcha otras cosas y, por tanto, sabía qué camino tomar para realizar, de una forma eficiente, todo lo que tenia encomendado. He estado toda la vida queriendo tener un modelo en la cabeza y ha sido a los 75 años cuando he llegado a él. Creo que si, desde el colegio, a la gente se le enseñara cómo buscar su modelo mental, tendríamos una sociedad más exigente y democrática. Mi modelo es, ante todo, entender las cosas.
Por todos estos motivos, esta crisis tan gorda debería alumbrar una nueva forma de entender el día a día. Las instituciones deberían hablar más claro, las entidades financieras debería entender qué están vendiendo y la gente debería exigir que se les hablara de una forma inteligible. Porque hemos llegado a la situación en que ni unos ni otros saben la dimensión real de la crisis, y también desconocen por qué ha sido causada realmente. Tan sólo sabemos que estamos mal y que hay que hacer algo.
En un próximo post les hablaré de estas y otras cuestiones sobre las que disertaremos hoy mismo en Baluarte en la conferencia del Día del Contribuyente que organiza Institución Futuro.
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