
Por José León Taberna, miembro del Comité Ejecutivo del think tank Institución Futuro
A estas alturas, pocos discuten el alto valor de los estudios de Formación Profesional (FP) frente a otras titulaciones de grado superior. Más todavía en la actual situación de crisis económica, con la gravísima caída de las tasas de empleo.
Estar bien formado y preparado son requisitos básicos para poder encontrar un hueco en el mercado de trabajo, y así lo demuestran las tasas de inserción laboral de este tipo de alumnos.Tampoco nadie cuestiona la relación positiva entre la educación y formación de los empleados y la productividad de las compañías.
A nivel de empresa, la FP resulta vital para lograr alinear los esfuerzos de la gerencia con los directivos superiores e intermedios. Navarra cuenta con dos Universidades de prestigio para la formación de mandos superiores, pero desde la fuerte industrialización de los años cincuenta y sesenta, han existido ciertos problemas en la formación de los mandos intermedios, sobre todo en las áreas industriales de fuera de Pamplona. De ahí precisamente la importancia de la FP en nuestra región, imprescindible para lograr la excelencia y competitividad de nuestras empresas.
En Navarra, la FP posee una historia tan larga y exitosa, que muchos dirigentes políticos y profesionales de otras comunidades, e incluso de otros países, acuden a nuestra tierra en busca de un buen ejemplo. De hecho, si la Comunidad foral se encuentra entre las regiones españolas y europeas con un mayor de nivel de renta per cápita se debe, en buena parte, a la inversión en capital humano y formación. Sin embargo, todavía persiste la falsa creencia de que la Universidad está reservada para los estudiantes con mejor preparación y la FP para los menos capacitados. A este tópico tan recurrente se suma otro igual de peligroso e inexacto: que el prestigio social y la futura remuneración económica de los estudiantes de FP están por debajo de los obtenidos por los licenciados universitarios.
Aun así, en nuestra comunidad quedan todavía importantes elementos por mejorar. El principal consiste en la mayor conexión entre el mundo de la empresa y sus necesidades con los centros de formación, y que los currículos o planes de estudio formativos se encuentren más cercanos a la futura demanda de empleados. Para conseguir dicho objetivo, se requiere una actualización permanente de la oferta educativa. De este modo se logrará que aumente el porcentaje de alumnos de FP respecto al de estudiantes de titulaciones superiores.
A pesar de estas asignaturas pendientes, soy optimista. En Navarra, en el curso 2009/2010, 3.447 alumnos han estudiado Ciclos Formativos de Grado Medio de Formación Profesional y 3.274, Ciclos Formativos de Grado Superior, lo que supone un aumento del 8% en relación con el curso anterior. Los datos no hacen sino reafirmar que la sociedad va poco a poco tomando conciencia de las ventajas de la FP, convencimiento que, por su parte, estimula con iniciativas la Administración.
Por todo ello, lamento especialmente la polémica desatada en los últimos meses a propósito del traslado del centro de FP de Salesianos desde su actual emplazamiento en Pamplona a Sarriguren. Este centro educativo ha formado en sus aulas a excelentes profesionales navarros. La Medalla de Oro concedida por el Gobierno de Navarra en 2001 a las Escuelas Salesianas supuso el reconocimiento público y oficial de su contribución al desarrollo industrial de la Comunidad foral.
La discusión sobre si la operación planteada -la compra por parte del Gobierno del solar del Segundo Ensanche ocupado ahora por la escuela de formación profesional- resulta oportuna o no encierra un trasfondo profundo: las prioridades en la inversión prevista por el Gobierno, más todavía en el actual momento de crisis, en el que habría que volver a priorizar las inversiones previstas en función de la capacidad de retorno a la sociedad, midiéndolas preferentemente con criterios de eficacia productiva. En cualquier caso, el debate no hace sino enturbiar la buena reputación que el centro se ha venido labrando desde 1922. El debate está salpicando, no sé si de manera premeditada o no, a una entidad de prestigio de nuestra sociedad, lo cual resulta cuando menos preocupante.
El apoyo firme de toda la sociedad navarra a este centro representa una justa contraprestación a las múltiples y decisivas aportaciones recibidas desde las aulas y talleres regentados por los Salesianos. Los numerosos técnicos de artes gráficas, carpintería, electricidad, mecánica y otras especialidades formados en el centro son la mejor prueba de su trayectoria y, por tanto, también el mejor argumento para reclamar ayuda colectiva, generosidad y altura de miras. Además, la continuidad y mejora de las Escuelas Salesianas contribuirá a que la FP se juzgue como una gran oportunidad de calidad y no como una alternativa de formación de segundo rango. No olvidemos que es la prosperidad, la competitividad y el futuro desarrollo de nuestra tierra lo que está en juego.
A estas alturas, pocos discuten el alto valor de los estudios de Formación Profesional (FP) frente a otras titulaciones de grado superior. Más todavía en la actual situación de crisis económica, con la gravísima caída de las tasas de empleo.
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