Diario de Navarra, domingo 12 de junio de 2016
Miguel Canalejo, presidente del comité elaborador del “Barómetro de los Círculos”

Como máximo responsable del informe ‘El Barómetro de los Círculos’, un estudio elaborado por varias organizaciones empresariales, Miguel Canalejo expresa su temor a que Unidos Podemos adelante al PSOE en las elecciones.

Aunque Miguel Canalejo Larrainzar (Pamplona, 1942) ha desarrollado buena parte de su vida profesional en Madrid, donde ostentó diversas responsabilidades al frente de empresas como Alcatel España, este emprendedor nato presume de mantener vigorosos vínculos con Navarra. Más acostumbrado a enlazar largos razonamientos que a someterse a un interrogatorio periodístico, Canalejo defiende la necesidad de dejar atrás el modelo económico basado en el ladrillo para afrontar la transformación hacia una sociedad del talento, conclusiones incluidas en el informe “El Barómetro de los Círculos”, elaborado por varias organizaciones empresariales con la colaboración de Institución Futuro, que se presentó recientemente en Pamplona en un acto organizado por Navarra Capital.

¿Tienen sus círculos algo que ver con los de Podemos? Es lo único en lo que debemos tener una coincidencia, ese nombre.

Las encuestas prevén que Unidos Podemos adelante al PSOE. ¿Preocupados? Sí. Las ideas de Podemos e Izquierda Unida desde el punto de vista económico, su modelo, son completamente opuestas a las que defendemos nosotros. Frente a la reducción del gasto que preconizamos, ellos hablan de aumentarlo; frente a la disminución de impuestos a medio plazo, ellos de incrementarlos; ante nuestro interés de más reforma laboral, ellos pretenden eliminarla. No hay un punto de aproximación entre lo que ellos promueven y nosotros. Creemos que sus políticas acabarían creando más paro y un empeoramiento económico.

Usted alertó hace poco de la incertidumbre política. ¿Tan grave es? El año pasado hubo incertidumbre por el tema catalán, que no afectó demasiado a las inversiones que provinieron del exterior. También hay periodos electorales en los que no se toman decisiones, sobre todo cuando se abordan temas impopulares, y las reformas se paralizan. Si eso se prolonga durante mucho tiempo, nos deja descolgados del resto del mundo.

Si los procesos electorales crean incertidumbre, ¿significa eso que la democracia es ineficiente? El sistema democrático ha funcionado bien durante 40 años y no ha habido problemas. Pero por primera vez, desde el 20 de diciembre, no se ha podido formar un gobierno y eso es lo que crea esa incertidumbre, porque el sistema no lo tenía previsto. La economía sigue yendo bien. Constatamos un cierto parón. La vida sigue y el empresario no puede parar. Pero, quienes están fuera de España y esperan para invertir en cosas nuevas, están expectantes de ver qué pasa.

¿Entonces es miedo al cambio? Sí, los resultados electorales puede que hayan inquietado a determinados inversores, aunque tampoco creo que sea un punto extremadamente preocupante, a tenor de lo que nos transmitieron los empresarios consultados. Otra de sus preocupaciones es el mercado laboral. Según todos los indicadores que hemos reunido, nacionales e internacionales, es uno de los principales obstáculos para mejorar la competitividad en España. La reforma laboral ha resuelto algunos problemas, pero no todos, ni mucho menos. La temporalidad es más del doble que Inglaterra o Alemania. Si un mercado laboral no funciona bien, tampoco se reduce un nivel de paro tan elevado, sobre todo juvenil y el de larga duración.

¿Cómo combatir el paro? Proponemos muchas reformas. El barómetro contiene casi 120 recomendaciones y pone como referencia a 14 países por sus buenas prácticas. La negociación colectiva tiene que estar lo más cerca posible de la empresa. Debería estructurarse de forma que algunos temas se trataran a nivel nacional, otros a nivel sectorial y, finalmente, el resto en las empresas. Es el modelo de Dinamarca, que para nosotros es el ideal, aunque tampoco pedimos una fotocopia.

¿Más sugerencias? Otro problema a atajar es el excesivo número de contratos. Debería haber sólo tres: fijos, temporales y de formación. Nada más. Proponemos que las indemnizaciones por despido se vayan igualando entre los fijos y los temporales, porque si no se introduce un incentivo perverso. Hay que equilibrar las cosas para que, cuando haya una crisis, no se tengan que ir necesariamente a la calle los jóvenes, sino los menos capacitados. Ninguna de sus recomendaciones ataja directamente el paro. Los servicios estatales de empleo tampoco emplean a la gente. La formación tampoco funciona, ya que no se instruye a los desempleados para las actividades en las que hay demanda sino para un modelo económico que ya no va a volver, como es el de la construcción. En Navarra se han perdido 20.000 empleos en ese sector y habrá que formarlos en otra cosa. Insisten mucho en las reformas estructurales, pero el desempleo antes de la crisis estaba por debajo del 10%.

¿No es más un problema de actividad económica? Lo que pasó es que en España tuvimos muy poco paro gracias a los sectores de la construcción y el turismo, ambos con baja intensidad de cualificación, sobre todo el segundo. Con ese modelo éramos muy competitivos haciendo pisos y teníamos las mejores empresas de construcción del mundo. El problema es que ese modelo se ha terminado. En el futuro es el I+D, es la innovación, la exportación… es competir en talento. Nos estamos reinventando.

¿Fue un error destinar tantos recursos financieros y laborales en la construcción? Por su puesto que fue un error. Lo que pasa es que el sistema políticoeconómico puso unos incentivos que hicieron que las empresas y los compradores actuaran en consecuencia. Si comprando pisos ganas mucho más dinero que haciendo I+D, ¿qué haces? Pues comprar pisos, algo insostenible. Nos pegamos el tortazo tras la crisis financiera y ahora nos damos cuenta que eso no es lo que hacen los países avanzados, que no construyen pisos, sino I+D. La creación de esos incentivos perversos,

¿fue responsabilidad de los dos grandes partidos? Fue de todos, un fracaso colectivo de toda la sociedad. Los que gobiernan las instituciones son los máximos responsables, claro, pero los bancos prestaban el dinero para que la gente comprara casas que, en algunos casos, empleaban para especular. Al final se monta un sistema en el que aparentemente todo el mundo ganaba y gastaba. El dinero no costaba nada y se prestaba a unos plazos e intereses que eran una tentación.

¿Qué falló? Todos éramos conscientes de que estábamos construyendo más casas que entre Alemania, Italia y Francia juntos. Eso no tenía sentido, pero era una rueda de la que no podías salir. Si una constructora quería dejar de hacer pisos, sus accionistas criticaban a quienes dirigían la empresa; si un banco dejaba de prestar, sus acciones se hundían. Al final tenía que ocurrir una catástrofe. En el momento en el que se cortó el grifo de la financiación, todo el tinglado se cayó.

¿PP y PSOE no debían haber desincentivado ese modelo? Así es. Ellos eran los que debían haber puesto las trabas para evitar una especulación desaforada, pero hasta los organismos independientes fueron criticados al intentar frenarla. Cuando el Banco de España empezó a alertar que el modelo no era sostenible, lo callaron inmediatamente. Todo el mundo estaba metido en esa burbuja porque beneficiaba a todos.

Ustedes coinciden con el Banco de España en que hay que reducir el coste del despido. Sí, pero por una razón. Hay que ponerse en el lugar del empresario, que es el único que puede resolver el problema del desempleo. El 85% del empleo en este país es privado y el 99,5% de las empresas tienen menos de 50 trabajadores. Partamos de la realidad. ¿Por qué contratan temporales? Se lo hemos preguntado y nos han dicho a que tienen miedo a que, cuando llegue la próxima crisis y tengan que ajustar sus plantillas, el coste sea tan grande que lleve al cierre. Para evitarlo, hay que equiparar la indemnización del temporal con el indefinido. Venimos de los 45 días, que pasaron a 33 y luego a 20.

¿Cuántos días querrían ustedes? No queremos poner un número para no crear polémica. La indemnización actual se limita a un máximo de un año de sueldo, pero el anterior gobernador del Banco de España, favorable a reducir el coste del despido, obtuvo una indemnización más de dos años al dejar su cargo.

¿Consejos vendo, para mí no tengo? Totalmente de acuerdo. Eso no puede ser. Tenemos que ser ejemplares. Estoy totalmente en contra de los blindajes de los altos directivos. Nos ha hecho mucho daño a las empresas y hemos perdido mucha credibilidad por no ser ejemplares en esto.