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Basada en hecho reales. Protagonistas: el Colegio representa al Estado; el Director al presidente del Gobierno; el Jefe de Departamento es el Ministro de Transportes; los compañeros, las demás Comunidades Autónomas; los libros son el Tren de Alta Velocidad. Por último, papá y mamá, son el Gobierno de Navarra; y la pequeña niña Navarra somos todos nosotros.

Navarra siempre había sido pequeñita, menuda desde que nació, pero vivaracha y con ganas de comerse el mundo. La niña fue al colegio para estudiar, cooperar con sus compañeros y pensar en su futuro, aunque en esto los verdaderos responsables eran papá y mamá. Desde pequeña, en la clase eran 17 compañeros y compañeras. En los primeros cursos del cole la niña Navarra, muy querida y apoyada por papá y mamá, siempre se esforzó y trabajó mucho y, aunque había otros compañeros con mucho más poderío, la pequeña siempre fue de las primeras, si no la mejor alumna en muchas materias. Eso le hacía feliz, y papá y mamá se dedicaban en cuerpo y alma a ella pero, ojo, le daban la paga justa para sus cosas.

Con el paso de los años, papá y mamá discutieron, mamá se fue con otro y ahora le prestan mucho menos atención a Navarra, que ya no es la mejor de su clase sino que anda en posiciones medianejas; eso sí, la paga que le dan a Navarra, para intentar tenerla contenta, es mucho más que antes aunque la chica malgaste buena parte de lo que le dan; pero eso es otra historia.

El caso es que el colegio al que fue la niña Navarra era un poco singular. Entre las cosas curiosas de ese colegio llamado España, es que los libros había que comprarlos entre todos y el Jefe de Departamento era el que se encargaba de irlos repartiendo entre los alumnos. En el primer curso, hace ya años, en el colegio se hizo un plan para comprar los libros y repartirlos. Por alguna razón, aunque es posible que fuese porque la niña Navarra era de las que mejor se portaba, a nuestra chiquita le prometieron que sería de las primeras que tendría libros; la pequeña Navarra se puso muy contenta, se lo contó a papá y mamá y estos, posiblemente, se confiaron demasiado.

Pasaron los años; los cursos fueron pasando y Navarra no recibía ningún libro. La niña, que siempre fue muy trabajadora y estudiosa, se empezó a poner triste y, por fin, se lo dijo a papá y a mamá; con la mala suerte de que en ese momento mamá y papá estaban riñendo y no tenían tiempo para ocuparse de su hijita, como era su obligación. Además, Navarra, que ya empezaba a tener años y a entender mejor las cosas de los mayores, comenzó a darse cuenta de que en el colegio le estaban tomando el pelo; que le prometían muchas cosas y que luego no le daban nada. Y Navarra, que no era tonta, cayó en la cuenta de que con su dinero se habían comprado y repartido los libros a casi todos los demás compañeros y que a ella, en ese colegio, solo le habían dado un par de folios para dibujar.

Mientras tanto, en casa, las cosas se estaban poniendo feas pues mamá se fue con su nueva pareja, al que no le gustaban los libros y que decía que no quería que la joven Navarra siguiese yendo a ese colegio llamado España. Nuestra protagonista se sentía agobiada por todos los lados. En el colegio le estaban ignorando, pues después de tantos años ella seguía sin libros; además, ninguno de sus compañeros le apoyaba porque cada uno iba a lo suyo. Como ya tenían sus libros o los iban a tener en seguida, poco les importaba lo que le pasase a Navarra. La nueva pareja de mamá aparecía poco por casa y solo para decirle a mamá lo que tenía que hacer. Así las cosas, un día Navarra, que estaba hasta la coleta, le dijo a su madre que le estaban haciendo bullying y que tenía que ir a hablar con el Director del colegio porque, después de tantos años, ella seguía sin libros. Para su sorpresa, su mamá le respondió que ella era muy amiga del Director del colegio y que eso que estaba diciendo Navarra eran tonterías, o peor aún, un bulo y que, en todo caso, toda la culpa era de su padre. Además, el Director del colegio no estaba para esas cosas, porque estaba liado perdonando las tremendas barrabasadas de otra compañera que, por cierto, ya tenía sus libros.

En estas estábamos, cuando Navarra oyó que el nuevo Jefe de Departamento había dicho en una reunión de la Apyma que iba a tomar cartas en el asunto pues, para él, los libros de Navarra eran prioritarios. Ya veremos, pensó la niña, cada día más triste y más mosqueada. Ahora solo espera que, de una vez por todas, aparezca el Jefe de Departamento y les diga a mamá y su actual pareja que, por fin, su hija Navarra tendrá todos los libros antes del curso 2035, porque en los libros quien decide es el colegio. Para entonces, Navarra será ya muy mayor pero, por lo menos y después de mucho esperar y pagar, habrá conseguido sus libros como los demás, aunque sea la última. Es su única esperanza. Eso sí, si el Jefe de Departamento no cumple con Navarra, nuestra protagonista se va a enfadar mucho y va a seguir protestando y protestando hasta conseguirlo. Ver venir.

 

 

Institución Futuro
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