Expansión, 3 de enero de 2004
Julio Pomés, Director de Institución Futuro
Despierta esperanza ver como la sociedad civil se enfrenta al Estado y le dice que no está dispuesta a consentir que una educación pésima malogre el talento de nuestros niños.
Despierta esperanza ver como la sociedad civil se enfrenta al Estado y le dice que no está dispuesta a consentir que una educación pésima malogre el talento de nuestros niños.
Los empresarios se quejan de la dificultad de encontrar personas con talento, compromiso y espíritu creativo que trabajen en sus empresas. Una de las causas de ese desierto de inteligencia viene de lejos. Se ha concebido la escuela más como una guardería donde los niños retienen las materias básicas que en un sitio donde se inculca el deseo de aprender y de superarse. La mejor escuela, aquella que consigue personas autónomas, va más allá de saber contestar a las preguntas preestablecidas. La docencia que forja el talento provoca el autoaprendizaje mediante el esfuerzo en plantearse preguntas y encontrar respuestas.

Enseñanza personalizada
Una escuela alternativa que favorece una enseñanza más personalizada es la ‘escuela en casa’, la home school: las familias se organizan para eludir los servicios institucionalizados y educan a sus retoños en el propio hogar. Pero, ¿no habíamos quedado que la enseñanza obligatoria hasta los 16 años era un logro social? Quizás en los países más pobres se convierta en un elemento positivo de desarrollo, que además contribuye a evitar la explotación infantil, pero en las naciones más adelantadas puede conducir a la mediocridad.
El movimiento ha surgido con fuerza en los países donde la calidad de la escuela es inferior a la demandada por las familias. Para unos padres responsables resulta muy duro observar el daño que, bien una escuela deficiente, o un sistema educativo poco competente, hacen a sus hijos. La psicología educativa moderna y, de un modo especial, las corrientes constructivistas han demostrado sin ningún tipo de dudas la necesidad de estimular de un modo activo a los estudiantes, para que afloren sus mejores potencialidades. Del mismo modo que un saltador de pértiga solo bate su marca si permanentemente salta con todo su potencial, el alumno mejora su inteligencia cuando se le obliga a trabajar al límite de sus aptitudes. Una escuela estandarizada, en la que no se exigen metas adaptadas a su capacidad potencial personal, nos dará el día de mañana ciudadanos indiferenciados, poco críticos y, por consiguiente, fáciles de manipular.

Calidad y valores
Resulta sorprendente que Estados Unidos, la mayor potencia mundial, sea el país donde la tasa de niños educados en su casa por sus progenitores, sin asistir al colegio, esté aumentando año a año. Alrededor de 350.000 niños fueron educados en casa en el curso 1990/91, 750.000 durante el 1995/96, y la cifra ascenderá a aproximadamente 850.000 en el 2001/02. La ‘educación en casa’ se ha extendido en los Estados Unidos, supera ya en algunos estados al número de niños escolarizados y constituye un porcentaje entre el 1% y 2% del total de niños en edad escolar. Este “movimiento alternativo” a la enseñanza tradicional no solo se produce en Estados Unidos sino también en Australia, Nueva Zelanda, Canadá y el Reino Unido.
La calidad de la enseñanza y la educación en valores constituyen los dos principales argumentos que esgrimen los padres norteamericanos para elegir esta opción educativa. La última encuesta realizada por la National Household Education Surveys Program pone de manifiesto que se trata de familias biparentales con dos o tres hijos, donde uno de los padres no trabaja. Alrededor del 30% de la muestra aludía al ambiente de aprendizaje deficiente de la red pública como tercer motivo para su elección. Los niños educados en casa han conseguido grandes logros en dos de las competiciones más reconocidas en Estados Unidos: la National Spelling Bee y la National Geographic Bee. Muchos educadores sostienen que los niños de la home shool gozan de una mejor estabilidad emocional, mayor madurez, sociabilidad y capacidad de comunicación, así como de mejores resultados académicos, que los niños de la enseñanza tradicional. El interés de los padres por educar a sus hijos lleva a un esfuerzo mayor que una obligación laboral.

El caso de España
La escolarización es obligatoria en España hasta los 16 años. Sería deseable, siempre que se demuestre que los niños reciben una educación alternativa y suficiente, que los padres tuviesen libertad de prescindir de la escuela. Aunque la vigente ley educativa, la LOCE, se muestra más proclive a la exigencia de un mayor esfuerzo por los alumnos, sigue perviviendo el espíritu de la LOGSE, una ley cuyos efectos perversos han sido manifiestos: un sistema poco exigente, igualitarista en los resultados finales y, por tanto, incapaz de estimular las potencialidades individuales. ¿Veremos surgir en España una sociedad civil capaz de exigir al Ministerio esta escuela alternativa para las familias? El cheque escolar facilitaría que los padres pudieran ejercer el derecho a educar a sus hijos, al poder prescindir uno de ellos de su trabajo. Mientras este sistema no esté permitido le sugiero que dedique tiempo a la relación con sus hijos; probablemente más importante para su formación integral que la escuela.

Institución Futuro
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