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A la vista de los últimos sucesos acaecidos en la industria Navarra, se pueden confirmar dos hechos: Navarra no es competitiva en sectores en los que el margen es lo que define la posible supervivencia de un proyecto industrial y sus consecuencias directas; y que Navarra debe mejorar su competitividad en aquellos proyectos que siguen dependiendo de su margen y buscar nuevos nichos de actividad. Por lo tanto, no puedo estar más de acuerdo con el Consejero de Industria, el Sr. Irujo, en que esa búsqueda debe ser un objetivo fundamental de la estrategia de nuestro Gobierno foral.

En lo que ya discrepo es en dónde buscar esos tan deseados “nichos”. Hasta hoy, nuestro gobierno está apostando muy fuerte por la economía circular sin analizar profundamente los riesgos que ello conlleva y que podemos agrupar en dos categorías: riesgo de margen y riesgo de obsolescencia.

El riesgo de margen está en la valoración que, a priori, debe hacerse de aquellos componentes que pudieran reciclarse, que debe ser compatible con lo que el posible cliente estaría dispuesto a pagar por un elemento reciclado y que puede no ser compatible con el coste real del proceso de recuperación y su logística posterior. Este análisis debe hacerse sin considerar posibles subsidios temporales que pueden desvirtuar el resultado del análisis y poner en riesgo su éxito en el medio plazo.

Con riesgo de obsolescencia me refiero a que el desarrollo de nuevas soluciones técnicas puede hacer que, elementos susceptibles de ser reciclados, carezcan de interés para los posibles clientes y no exista un mercado para ellos. En sectores maduros, este riesgo es mucho menor, ya que el ritmo al que se suceden las innovaciones es mucho más lento. Pero Navarra se ha centrado en el eólico y en el almacenamiento eléctrico (baterías) que están en plena ebullición. Si analizamos el área de repotenciación de parques eólicos, pienso que considerar que el 75% de los componentes se pueden reciclar es una valoración excesivamente optimista. Es difícil imaginar cómo elementos de un generador de 500KW pueden reciclarse, a un precio competitivo, en uno de 5.000KW, cómo la cimentación de la primera máquina puede adaptarse a la segunda… y así podríamos continuar con el resto de los elementos salvo el acero en aquellas torres que no sean de hormigón.

Por ello, en esta área el riesgo de margen es muy alto, ya que los procesos de reciclado son muy costosos y será difícil hacer rentable cualquier reutilización. En cuanto al riesgo de obsolescencia, y viendo cómo se desarrolla el sector que ya está trabajando con unidades de más de 20.000KW, la obsolescencia aparece, además, por un efecto de escala. En cualquier caso, sería interesante conocer el resultado de alguno de los proyectos de reciclaje de palas y reflexionar sobre su viabilidad a medio plazo para evitar posibles impactos negativos en las arcas navarras (tipo Sunsundegui).

Centrándonos ahora en las baterías y más concretamente en su reciclaje, pienso que ambos riesgos son, aún, mayores. Por lo que se ha publicado, el proyecto no es completar el reciclado sino únicamente implementar la primera fase, cuyo producto final es una masa pulverulenta que se envía a un procesador posterior que realizará la separación de los componentes. Esto supone acometer la fase de mayor coste en logística y mano de obra y de menor valor añadido, lo cual plantea serias dudas en cuanto a su rentabilidad. Por otro lado, el desarrollo acelerado de nuevos tipos de baterías: Ion Sodio, Litio Azufre, Estado Solido, Flujo, puede hacer que los procesos implementados queden obsoletos a muy corto plazo. Es necesario un estudio realista del potencial de estos sectores para evitar nuevos fracasos que soportaremos todos los navarros, y estoy de acuerdo con el Sr. Irujo en seguir trabajando en otros nichos en los que podamos alejarnos del riesgo del margen. Y coincido también con él en que, además de en la fiscalidad positiva, se debe seguir trabajando en sectores como el aeroespacial, la construcción industrializada, la biología y la electrónica, sin olvidarnos del sector de la defensa.

Me permito sugerir que, en el proceso de búsqueda de nuevos nichos, debemos preguntarnos por qué nuestros vecinos, especialmente el País Vasco, ha conseguido desarrollar proyectos punteros si recurrir a complicados procesos de reciclaje.

Por último, quiero hacer notar que además de pimientos, alcachofas, espárragos… nuestra tierra nos ofrece otros productos también de gran valor. Me refiero al potasio y al magnesio. Metales, ambos para los que en las nuevas tecnologías se están descubriendo día tras día nuevas aplicaciones. ¿No sería también interesante investigar nichos en los que se puedan encontrar aplicaciones de valor añadido para estos metales a pesar de que en la “Estrategia de Especialización Inteligente” no se hace ni una sola mención a esta opción?

Como conclusión, un aplauso por la iniciativa de búsqueda activa y una llamada al análisis real de las opciones a considerar.