Estas expectativas de los principales actores sociales de la economía se asocian a una realidad económica sobre la que simultáneamente están interviniendo tres elementos sustanciales: la crisis inmobiliaria, la reducción del crédito y el aumento de los precios de las materias primas y la energía. Algunos economistas le han puesto nombre a esta situación realmente compleja: la tormenta perfecta.
El ajuste inmobiliario se está acelerando con caídas en precios y actividad superiores al 20 por ciento, provocando una reducción del empleo en los sectores directa e indirectamente relacionados con la construcción residencial. El crecimiento de los precios afecta al poder de compra de las familias y encarece los costes de los productos. Además las familias se enfrentan al freno en el crecimiento de su riqueza inmobiliaria y también financiera en un escenario de un alto nivel de endeudamiento. Las menores rentas reales reducen el consumo que junto a la restricción en el crédito y el deterioro de las expectativas limita la inversión empresarial.
Frente a esta difícil situación dos son las repuestas que podemos considerar; de un lado, el gobierno del Estado y el de Navarra están aumentando la inversión pública productiva tratando de mantener un nivel de demanda agregada que reduzca el impacto sobre la economía y el empleo. De otro, en el escenario de una economía industrial como la de Navarra, la actuación de la industria va a resultar clave para mantener el tono de nuestra actividad. Afortunadamente, una parte de nuestras empresas industriales están firmemente ancladas y actúan en mercados internacionales en expansión, disfrutando de una sólida posición competitiva. En estas circunstancias, el mantenimiento y el aumento de la cuota de mercado internacional de industrias como el automóvil, electrodomésticos o renovables, resultará fundamental para encontrar un soporte sólido a la creación de riqueza y empleo.
Cuando flaquea la construcción y las actividades de bajo valor añadido se resienten, la pregunta es si la industria actuará como nuevo impulsor del crecimiento. En ese ámbito, la mejora de la productividad y la evolución de los salarios serán las referencias que nos permitirán mantener el crecimiento y recuperar la confianza en el futuro. Seamos realistas, reconozcamos los problemas y abordemos las dificultades con determinación, pero no nos dejemos llevar por un exceso de desconfianza que resulta poco útil para enfrentarnos a la actual situación económica.