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Nos han engañado, y lo peor es que llevan años con ello. Han tenido que ser los ingenieros y la Institución Futuro, que de esto saben más que los políticos, los que hayan puesto en negro sobre blanco la cruda realidad. Al ritmo actual de inversión, el TAV llegará en sesenta años. Tan solo si se triplicase la inversión llegaría “como muy pronto” en 2033. En la página web del Parlamento de Navarra tienen a su disposición la sesión de trabajo del Colegio de Ingenieros e Institución Futuro. Su visionado, por formación y sectarismo, coloca a unos y a otros en su sitio.

Con todo, lo más grave no es que no sepamos cuando va a llegar el TAV o que innumerables capitales como Orense, Huesca, Albacete o León dispongan de esta conexión desde hace tiempo, si no que haya una parte de nuestra clase política, en el gobierno, que no lo vea “necesario”.

Casualmente, los mismos que en su día no vieron necesario el Pantano de Itoiz, los que aplaudieron su sabotaje, los que decían que “su construcción solo era para el negocio del cemento” y que “nunca se construiría el Canal”. Lo de que en Navarra no hacía falta agua o moriríamos ahogados lo dejamos para otro día. Exactamente, los mismos que no querían que se hiciera la Autovía de Leizarán y que, por coherencia, seguro que siguen yendo a San Sebastián por Azpíroz.

Como digo, la comparecencia dejó datos demoledores ante los balbuceos de algún parlamentario. En 2030 seremos la única capital de 200.000 habitantes sin conexión de TAV. Y en 2030 tendremos una estación de ferrocarril de 1870. No del siglo pasado, no. Del anterior. Piensen cómo era el mundo en 1870 cuando Pamplona tenía 19.000 habitantes y estábamos en plenas guerras Carlistas. De por aquel entonces es nuestra moderna estación. Además, todo sea dicho, con un magnífico transporte al centro de la ciudad.

El argumento de “no queremos hacer infraestructuras por las que no pase nadie” en el mejor de los casos es un error. Las infraestructuras de transporte son intergeneracionales, se hacen para los próximos cien años y ellas mismas crean su demanda. No podemos esperar a que sean necesarias. Entonces, ya será tarde.

Las empresas se instalan donde ya existen buenas comunicaciones. Si no, no vienen. Eligen otro emplazamiento. No esperan. Se hizo la Autovía del Pirineo y con posterioridad, a su paso por Lumbier, se ha creado un polo industrial muy potente. ¿Por qué? Porque disponen de comunicaciones para sacar sus productos de manera rápida al mercado. Como este ejemplo podemos contar los que quieran.

Pero, no. Hay una parte importante de la sociedad navarra que apuesta por el aislamiento. Estar a más de tres horas de Madrid limita el desarrollo, limita la captación de talento (alguno pensará que mejor así, que no venga nadie de Madrid), limita el acceso a Barajas, quinto aeropuerto de Europa… En definitiva, nos aísla y convierte en una aldea mal comunicada. El sueño húmedo de algunos. Mientras tanto, la gran mejora de los últimos meses fue la hilarante inauguración del tren Zaragoza – Pamplona a la que se desplazaron el Secretario de Estado de Transportes y nuestra Presidenta. Anunciaron que se podrá viajar de Zaragoza a Pamplona en dos horas y cuarto. Y parte del pasaje, de pie. Un tranvía, vamos. Todo muy acorde a nuestra estación de 1870.

Y lo que es peor celebran una inauguración de semejante atraso. Las fotos deprimen a cualquiera. Cualquier día inauguran el servicio de conferencias telefónicas a Madrid.Muy mal panorama para Navarra, porque este aislamiento afecta al tejido económico y sobre todo a la mentalidad. Necesitamos airearnos, mezclarnos y ser ambiciosos, pero entre el afán aislacionista de unos, los engaños de otros, y el conformismo de una parte no pequeña de la sociedad, nos quedamos atrás de manera imperceptible, pero imparable. Y queda casi una década para ese 2033.

Álvaro Bañón Irujo. Economista

Institución Futuro
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