
En el informe se aportan datos para entender la contribución de internet a la generación de riqueza mediante un estudio en trece países (Alemania, Brasil, Canadá, China, Corea del sur, Francia, India, Italia, Japón, Rusia, Suecia, Reino Unido y Estados Unidos), en los que ha determinado un promedio de incremento del PIB del 3.4%. En la parte de la muestra calificada como “países maduros”, que excluye a Brasil, China, India y Rusia, se calcula que internet es responsable del 21% del crecimiento, que ha eliminado medio millón de puestos de trabajo, pero que ha contribuido a crear 1.2 millones de nuevos empleos, dando lugar a 2.4 puestos nuevos por cada puesto perdido. Además, un 75% del crecimiento se ha producido no en empresas de las denominadas “de internet”, sino en industrias definidas como tradicionales.
Si internet en su conjunto se considerase como una industria, su peso en la economía real superaría el de industrias como la energía, la agricultura o la minería. En términos de calidad de vida, en los países que han alcanzado la madurez de la red a lo largo de los últimos quince años han visto un incremento promedio de quinientos dólares en su renta per capita, un incremento que tardó cincuenta años en lograrse en el caso de la revolución industrial.
Del peso de la industria del entretenimiento, mejor ya ni hablar: es demasiado ridículo como para soportar ninguna comparación. Y sin embargo, por alguna misteriosa razón, las decisiones que condicionan el futuro de internet siguen tomándose en función de los intereses de la industria del entretenimiento, como si esta fuese un determinante fundamental de la generación de riqueza de los países. Pongamos las cosas claras: la industria del entretenimiento solo genera riqueza a quienes están en una situación de estrangular con una mano a los creadores y con la otra al mercado, mientras llenan sus bolsillos sosteniendo una economía de la escasez ya únicamente sostenible en función de corrupción y de prebendas políticas.
Estamos provocando una enorme inestabilidad e incertidumbre en el entorno del que depende nuestro futuro como país, a cambio de satisfacer los intereses de una serie de empresas que se niegan a evolucionar con los tiempos, y que tienen un peso ridículo en nuestra economía. Mientras tanto, confundimos términos y hablamos de “presiones del gobierno norteamericano” cuando, en realidad, las presiones provienen de lobbies de la industria que actúan a través de las embajadas: mientras en nuestro país esas presiones llevan a la aprobación de la ley Sinde-Wert, en Estados Unidos vemos cómo la Casa Blanca no da su apoyo a su equivalente norteamericana, SOPA/PIPA. Cuanto más se estudia el tema, menos sentido tiene.
¿Alguien con un mínimo criterio puede echar un vistazo a estas cifras, entender lo que supone la red en cuanto a potencial de crecimiento económico, y actuar en consecuencia?
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