No podía ser otro. China ha anunciado recientemente la puesta en marcha de su programa de aviones de gran capacidad (más de 100 toneladas de carga y 150 plazas de pasaje), con el que quiere pasar a ser el tercer jugador en el mercado dominado por el duopolio Boeing-Airbus. El atractivo del mercado es una razón de peso: según estimaciones de la propia Boeing, China necesitará entre 2.100 y 2.400 aviones de pasajeros en los próximos veinte años, lo que supone un valor de 197 billones de dólares. Pero además del valor del mercado, el desarrollo del programa supondrá un empuje sobresaliente de las industrias de alta tecnología y de la economía nacional. Tras intentos fallidos de lanzar iniciativas similares en décadas pasadas, en esta ocasión la estrategia se basa en un modelo de partenariado de asunción de riesgos a nivel global, según el cual los inversores comparten los beneficios pero también los riesgos.

Los expertos reconocen que no será desde luego una tarea fácil. Por una parte la fabricación de este tipo de aviones es una tarea enormemente compleja, con unas necesidades tecnológicas y financieras muy elevadas. Otra cuestión clave para la venta de aviones es la credibilidad y la reputación del diseñador y fabricante, lo cual no se adquiere de la noche a la mañana. Sea cual sea el resultado, una cosa está clara. China quiere ser algo más que una economía que copia ropa occidental con bajos costes salariales. El desarrollo de este tipo de iniciativas lo demuestra y le convierte en un jugador fundamental en la economía internacional en un futuro cada vez menos lejano.

Entradilla:
No podía ser otro. China ha anunciado recientemente la puesta en marcha de su programa de aviones de gran capacidad (más de 100 toneladas de carga y 150 plazas de pasaje), con el que quiere pasar a ser el tercer jugador en el mercado dominado por el duopolio Boeing-Airbus.