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Contar con infraestructuras desarrolladas como el TAV, más conexiones aéreas y la unión por autovía con Madrid es clave para la competitividad foral.

Hace pocas semanas me contaban unos empresarios, cuyo negocio está muy internacionalizado, las peripecias que tuvieron que hacer hace unos meses para poder traer a Navarra a unos posibles clientes desde Kuwait. Las escasas conexiones de las que dispone el aeropuerto de Pamplona no hacían viable que los clientes, tras más de diez horas de vuelo desde el origen, pudieran conectar directamente. Tampoco la opción ferroviaria era una opción. Así que estos empresarios tuvieron que contratar, con el consiguiente coste económico, un microbús para bajar a Madrid, ir uno de ellos a la capital a recibir a los kuwaitíes -4 horas de viaje- y emplear otras cuatro de vuelta a Pamplona. Todo bajo la mirada atónita de los visitantes, que no entendían que esa parte final del largo viaje les llevara casi la mitad del tiempo que habían empleado en llegar a España desde su país.

Afortunadamente la operación salió bien, los kuwaitíes se quedaron encantados con la empresa y sus dueños y el negocio salió adelante. Eso sí, ya advirtieron que tardarían en volver por estas tierras porque el viaje había resultado terrible. Esta anécdota es solo un ejemplo de los tantos que por desgracia sufren las compañías instaladas en Navarra cuando tienen que hacer negocios fuera. Porque en un mundo globalizado, donde se compite con empresas de todo el mundo, y donde las fronteras comerciales se difuminan cada vez más, la internacionalización se ha convertido en una estrategia clave para el crecimiento y la supervivencia de las empresas, además de un factor impulsor de la innovación. Y Navarra, tierra con una gran tradición industrial, no es ajena a esta realidad. Las empresas se internacionalizan, cuando no nacen ya internacionales por propia naturaleza, a pesar del contexto, que no es favorable por estas tierras.

En 2022, la balanza comercial fue muy favorable a Navarra: las exportaciones cubrieron el 147% de lo que importó la Comunidad foral. Además, se registraron exportaciones por parte de 3.433 compañías, 1.013 exportadoras regulares y 2.420 esporádicas. La concentración de las exportaciones es fruto de un alto grado de internacionalización de unas pocas. O lo que es lo mismo: un 92,6% de las exportaciones procedieron del 6,6% de las empresas exportadoras. De igual modo, las compañías con más de 250 millones de euros de facturación, las multinacionales, supusieron el 42,13% de todas las exportaciones, lo que se corresponde con 4 únicas empresas. O sea, que exportan sobre todo las grandes.

Unas cifras un tanto desequilibradas que el Gobierno de Navarra lleva años intentando mejorar a través de diversos Planes de Internacionalización, como herramienta de apoyo a las pymes. Desde el año 2008 se han desarrollado cinco planes; el quinto, el PIN5, fue expuesto a la participación ciudadana entre diciembre de 2023 y febrero de 2024. Para sorpresa de Institución Futuro, en el citado borrador no se incluía referencia alguna a uno de los principales problemas transversales de todas las empresas, grandes y pequeñas, que manifiestan como grandes obstáculos para la internacionalización: las infraestructuras.

El think tank ha insistido en numerosas ocasiones en que contar con unas infraestructuras desarrolladas, como el Tren de Alta Velocidad (TAV), unas conexiones aéreas frecuentes y a más destinos nacionales e internacionales, más aún con la ampliación de la terminal del Aeropuerto de Pamplona que se realizó hace años, y una conexión por autovía a Madrid resulta clave para la competitividad de Navarra. Sin ellas, será difícil atraer talento, empresas e inversión. Se dificultan sobre manera las exportaciones y se ponen barreras a la internacionalización, haciéndola una heroicidad solo accesible para empresas con facturaciones muy elevadas. Las pymes, aquellas con menos de 250 trabajadores, representan el 99,4% del tejido empresarial y lo tienen francamente complicado porque este aspecto, el de las infraestructuras, no depende de ellas.

El PIN5 del Gobierno de Navarra adolece, además, de un problema endémico: su gran desconocimiento por parte de las empresas a las que va dirigido. En 2022, solo el 32% de dichas compañías lo conocía, frente al 9% de 2016. Avance, sí, pero insuficiente. Faltan recursos por parte del Gobierno de Navarra para su promoción y comercialización y, de hecho, el PIN 5 no incluye ninguna medida específica a este respecto. Un último aspecto destacable es que el Plan Internacional de Navarra ha invertido en tres años 5,5 millones de euros en total. ¿Es mucho, es poco? Dependerá de su eficiencia, que habrá que medirla para reconocer qué medidas del PIN5 funcionan y cuáles hay que modificar. En comparación con otras CCAA, como la vecina del País Vasco, que solo en 2023 dedicó 25 millones de euros a esta materia, la inversión foral es mucho menor.

Las empresas navarras, reconocidas por su calidad e innovación, tienen un enorme potencial para conquistar mercados internacionales y consolidarse como referentes en sus respectivos sectores. No olvidemos que el mejor análisis para conocer si una empresa es competitiva y, por tanto, sostenible a largo plazo es exportar. Quizá ahora a algunas les salve la distancia, pero ¿y mañana? Ayudémoslas de verdad a salir fuera, a crecer y a generar empleo.

Ramón Pérez Diez. CEO de STQ Energía y miembro del think tank Institución Futuro.

 

 

Institución Futuro
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