
El experto en innovación Alfons Cornella impartió ayer en Baluarte una conferencia sobre la importancia de la vigilancia estratégica en las empresas, como mecanismo y herramienta necesaria para llevar a cabo innovaciones radicales. Ya no es raro escuchar que la innovación es fundamental para competir, pero resultó algo sorprendente la importancia atribuida a las innovaciones radicales, aquellas que suponen un cambio drástico en los productos o la forma de fabricarlos. Según el experto, lo fundamental para competir será poder transformar las ideas en valor: no sólo tenerlas, sino además que alguien esté dispuesto a pagar por esas ideas convertidas en productos. Y todo esto además a un ritmo vertiginoso, donde los ciclos de vida de un producto pueden ser inferiores a dos años. Resulta fascinante la capacidad creativa de muchas empresas y su habilidad para ofrecer productos nuevos que hace poco tiempo serían impensables. Pero ¿qué pasa con los “no tan creativos”, o con aquellas empresas y profesionales que no son capaces de introducir estos cambios? ¿Serán los “artesanos condenados a desaparecer” del siglo XXI? Quizá esta previsión tan catastrofista no se cumpla, al menos no el corto plazo, pero puede que las empresas poco innovadoras sí se conviertan en jugadores de segunda categoría, en una liga donde las verdaderas estrellas compitan con una premisa radicalmente distinta: las ideas orientadas al mercado.
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El experto en innovación Alfons Cornella impartió ayer en Baluarte una conferencia sobre la importancia de la vigilancia estratégica en las empresas, como mecanismo y herramienta necesaria para llevar a cabo innovaciones radicales.