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La industria ha sido históricamente un pilar fundamental de la economía navarra, representando aproximadamente el 30% de su PIB y generando empleo estable y bien remunerado. Sin embargo, la proliferación de los Expedientes de Regulación Temporal de Empleo (ERTES) merece una reflexión profunda. Su uso fue especialmente eficaz a lo largo de la pandemia de COVID (años 2020-2021) y en la actualidad se siguen empleando como medida para las empresas de afrontar dificultades coyunturales y evitar despidos masivos.

Pero los datos más recientes de Navarra son preocupantes. En 2024, 15.300 trabajadores de nuestro sector industrial se vieron afectados por ERTES. Este número resulta alarmante si consideramos que Navarra, con solo el 3,1% del empleo industrial nacional, concentra un 22,6% de los trabajadores industriales en ERTE. Además, uno de cada cinco pasó por una regulación temporal de empleo.

Debiera preocupar, además de los datos propios de Navarra, la comparación con otras CCAA, porque nuestra industria compite a nivel nacional y, por supuesto, internacional. Con los datos señalados, Navarra encabeza la lista de trabajadores industriales en ERTE. Saberlo ayudará a tomar las decisiones adecuadas para apoyar al sector. ¿Son los ERTES una herramienta de flexibilidad laboral necesaria? Parece que sí. Pero, ¿no refleja también una debilidad estructural de la industria, con tres años de estancamiento en las cifras de trabajadores con regulación temporal de empleo?

Esta fórmula resultó clave durante la pandemia de COVID-19 para evitar una oleada de despidos masivos. Sin embargo, su permanencia como recurso habitual en Navarra indica que la recuperación industrial no ha sido tan sólida como se esperaba. Si bien es cierto que permiten a las empresas ganar tiempo y evitar despidos definitivos, también pueden ser una señal de que el sector no está logrando adaptarse a los cambios del mercado global.

Existen múltiples factores que explican esta tendencia. En primer lugar, la crisis en sectores clave como la automoción y las energías renovables ha generado incertidumbre y dificultades financieras. Empresas como Volkswagen Navarra han recurrido a ERTES para sortear la caída de la demanda y las dificultades en la cadena de suministro. En segundo lugar, la industria navarra parece haber adoptado estos procesos como una solución recurrente para evitar despidos, pero podría estar ocultando problemas más profundos de competitividad y adaptación al mercado.

El problema con la excesiva dependencia de los ERTES es que pueden generar una falsa sensación de estabilidad. Si las empresas recurren a ellos de manera recurrente, se corre el riesgo de que se conviertan en un mecanismo para posponer decisiones estratégicas más necesarias, como la inversión en innovación, la mejora de la productividad o la diversificación del mercado. Además, para los trabajadores, la incertidumbre constante sobre la continuidad de su empleo puede afectar la moral y la motivación, debilitando la cohesión del tejido industrial. Que se lo digan, por ejemplo, a los trabajadores de Sunsundegui.

Los datos que se conocen, ofrecidos anualmente por el Ministerio de Trabajo y Economía Social, resultan insuficientes para realizar un buen diagnóstico. Sería deseable que fueran públicos, no sólo el número de trabajadores en ERTE por regiones, sino la causa alegada para la activación de los mismos (de producción, de fuerza mayor, organizativas…), la duración de los mismos (no es lo mismo un ERTE de un mes que de seis meses) y el número de empresas que los han aplicado, tanto a nivel autonómico como por sectores. De esta forma se podría entender mejor el alcance de estos procesos. Mientras tanto, ¿cómo salir de esta dinámica? El departamento de Industria del Gobierno de Navarra está haciendo los deberes con la Ley Foral de Industria, cuyo segundo borrador se presentará en breve. Ojalá haber recibido aportaciones de los principales actores en esta materia ayude a que el texto legislativo resulte útil. El alto porcentaje de trabajadores industriales en ERTE debería ser una llamada de atención, otra más, para las administraciones y las empresas. Navarra necesita un plan para reducir la dependencia de estos mecanismos, fortalecer la industria y promover aquella de alto valor añadido. La administración y el sector privado tienen la responsabilidad de caminar juntos y diseñar estrategias que fortalezcan la industria navarra y garanticen un empleo estable y de calidad. Así aseguraremos el futuro económico de nuestra tierra.

José Ramón Lacosta Aznar. Presidente del think tank Institución Futuro