A veces se afirma que la capacidad de crecimiento de Navarra está limitada por su reducido tamaño y por la falta de masa crítica. También se sostiene que no es bueno que la economía foral dependa de un número reducido de sectores, como el del automóvil y su industria auxiliar. Si trasladamos el argumento al ámbito de las economías nacionales, podríamos decir que un país con cinco millones de habitantes localizados en un número reducido de focos de población, con una estructura productiva que al comienzo de los noventa estaba concentrada principalmente en tres sectores, y en crisis, no tendría mucha capacidad competitiva en los mercados internacionales.
Sin embargo, en los últimos dos años, dicho país ocupa el primer puesto (o los primeros) de los ránking de competitividad mundiales, por delante incluso de Estados Unidos. Este país es Finlandia. El ejemplo de Finlandia nos indica que el tamaño de un Estado y la profusión de sectores económicos no son garantía de su competitividad. Lo mismo cabe pensar en el caso de las regiones. Para determinar si un territorio es competitivo, hay que analizar con profundidad otras variables, como la estructura sectorial, las políticas económicas y los recursos. Más allá del tamaño y la diversificación, Finlandia ha logrado su posición privilegiada, entre otros factores, gracias su apertura a los mercados occidentales, las políticas públicas orientadas a incentivar la competencia e impulsar las telecomunicaciones, la apertura de los mercados de capitales, la disponibilidad de capital-riesgo, y la inversión decidida en educación e I+D. También ha influido la creación de clusters, que han dado a sus empresas el liderazgo en los mercados internacionales. En definitiva, el tamaño no lo es todo si se cuenta con una estrategia clara y capacidad para desarrollarla.