Expansión, 2 de diciembre de 2006
Julio Pomés, Director de Institución Futuro
Probablemente estamos viviendo uno de los mandatos de nuestra joven democracia más cuestionados por la opinión pública. Si excluimos al poderoso grupo de comunicación que apoya al presidente hasta unos límites perjudiciales para su prestigio, la inmensa mayoría del resto de forjadores de opinión ejercen una crítica demoledora.
Repasemos algunos de los hitos más objetados de Zapatero. Dinamitó un sensato Plan Hidrológico Nacional sin poner en marcha una alternativa que satisfaga a medio plazo la acuciante necesidad de agua. Estropeó una conveniente ley de educación, la LOCE, mediante unas modificaciones igualitarias que desmotivan el esfuerzo de los alumnos. Este hecho es grave si se tiene en cuenta que, según el último informe PISA de la OCDE, España ocupa el puesto 23 en cuanto a abandono de estudios secundarios antes de ser finalizados dentro de una lista de 26 países, y sólo se encuentran por detrás Brasil, Turquía y México.

Impulsa el absurdo proyecto de la Alianza de las Civilizaciones, sin percibir que para lograr una colaboración entre culturas se requiere la compatibilidad entre ellas. Las intolerantes leyes del Islam conculcan los derechos humanos más elementales.

Por ejemplo, si hablamos de la mujer, es inadmisible para una cultura cristiana la poligamia, la pena de muerte para las adúlteras, las ablaciones del clítoris de las adolescentes, los duros castigos para las que no lleven el burka o el velo y tantos otros códigos medievales. Por cierto, ¿sabe el señor Zapatero que la práctica de una religión distinta al Islam en muchos países confesionales musulmanes puede costarle a uno la vida?

Negociación

Otro tropezón es la negociación con la banda asesina ETA. Zapatero ha caído en la trampa al legitimar a unos terroristas que no van a ceder en sus reivindicaciones fundamentales: autodeterminación y Navarra. El presidente desconoce que ETA no es una organización monolítica y que los pactos que consiga no serán respetados por los miembros más violentos de la banda.
Resumiré el resto de errores de Zapatero. La fractura de España con el nuevo Estatuto de Cataluña (recurrido por el Defensor del Pueblo). La Ley de la Memoria Histórica que abre heridas cicatrizadas y despierta innecesariamente odios y rencores. Las regularizaciones masivas de inmigrantes que han sido tan criticadas en el resto de la Unión Europea y que han provocado un efecto llamada. Desvirtuar el sentido de la naturaleza del matrimonio (¡hubiera costado tan poco denominar de modo distinto a las parejas de homosexuales y lesbianas!). Por último, no defender a las empresas nacionales en Sudamérica y ceder ante dictadores impresentables.

Si todas esas equivocaciones son preocupantes, más lo son las afirmaciones de Gustavo Bueno en su ensayo “Zapatero y el pensamiento Alicia”. Su lectura invita a la desconfianza sobre la idoneidad del Presidente para gobernar España. Este catedrático establece un marco psicológico que cohesiona los rasgos del singular comportamiento de Zapatero: sus injustificadas improvisaciones, su simplismo, su extraña sonrisa permanente en los labios, la confusión del mundo real con su ensoñación, su actitud optimista y angelical de considerar que todo es cuestión de diálogo, buena voluntad y comprensión…

Sustitución

Nuestra jurisprudencia no contempla un impeachment como el que provocó el cese de Richard Nixon, ni tampoco hay una actuación delictiva como la del caso Watergate. Sin embargo, los hechos expuestos debieran hacer reflexionar a los diputados socialistas y preguntarse si Zapatero les representa adecuadamente, o si es mejor aplicarle una censura interna que facilite su sustitución por una persona más capaz. Sin duda, los que debieran catalizar el proceso son los socialistas descontentos por las cesiones a los nacionalismos y la negociación con los chantajistas etarras.

¿Preferirán sus señorías el huevo al fuero? No es así como se funciona en EEUU, donde los electores son lo primero y luego está el partido. La regeneración que requiere nuestra democracia exige que los parlamentarios dejen de ser guiñoles manejados por su partido. Sin duda unas listas abiertas facilitarían el voto independiente, pero el alarmante caso que nos ocupa exige la valentía de actuar en conciencia.