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Estamos en período de elaboración de presupuestos, tanto en Navarra como en la nación. Y están los distintos portavoces explicando las bondades de los mismos, especialmente en los de Navarra. Uno de los lemas que se han esgrimido es que estos presupuestos “ayudan a fomentar la igualdad entre todos”. Y ahí es cuando debemos de echarnos a temblar.

La igualdad debe de ser de partida. Es necesario que la Educación secundaria eleve mucho (pero mucho) el nivel de exigencia para fomentar la meritocracia y que todos los chicos y chicas que se esfuercen tengan, mediante becas, la posibilidad de estudiar la FP o el grado en la universidad que quieran.

A partir de ahí, y una vez cubiertos los mínimos estándares, olvidémonos de que el Estado intente buscar, mediante ingeniería de todo tipo (fiscal, social..), la igualdad. El esfuerzo y el riesgo deben de estar premiados. Al que arriesga su patrimonio (lo pierde en muchos casos) crea una empresa, crea empleo y riqueza, le debe de ir mejor, mucho mejor que al que elige un puesto “segurico”. Debe de haber desigualdad, claro que sí. La creación de riqueza debe de estar premiada. Económica y socialmente.

Claro que le tiene que ir mucho mejor a Amancio Ortega que al resto. Su empresa paga 140.000 nóminas al mes, 50.000 de ellas en España. Le tiene que ir mejor, mucho mejor que a aquellos que le critican (incluso cuando dona). No son iguales ni tienen que serlo. El riesgo, la creación de riqueza, tienen que tener un premio y la labor del Estado no debe de ser nunca “igualar”, sino lo contrario, fomentarlo. Y que el que más aporte a la sociedad tiene que tener un reconocimiento. Económico y social. Tiene que haber un fuerte incentivo para crear riqueza.

Bajando el tema al suelo. El inmigrante que ha decidido abrir un negocio en Pamplona (fruterías, bares, peluquerías, taller…) es un ejemplo y una inyección de vida. Es este tipo de gente emprendedora, que ha venido a trabajar y a triunfar sin complejos la que hace grandes a los países. Pues exactamente a ese inmigrante le tiene que ir mucho mejor que al local o inmigrante que lo que quiere es vivir de las distintas subvenciones.

Porque este fulano se enfada y mucho, cuando ve que él se levanta a las 6 para descargar la fruta y abrir su negocio, le asan a impuestos, cotizaciones y sin embargo ve que hay otros que viven y trampean, más o menos, de encadenar subvenciones y ayudas de todo tipo. O cuando ve que no encuentra trabajadores porque lo que cobran por no trabajar “les compensa y pierden la ayuda”. “Total, para cobrar un poco más que con la ayuda, prefiero no trabajar”. Así que sí. El trabajo, se debe de premiar, la creación de riqueza se debe de premiar, y claro que tiene que haber desigualdades. Sino, terminaremos como aquellos gloriosos regímenes del este. Iguales en la miseria.

Alvaro Bañón Irujo. Economista y miembro de Institución Futuro.