
José María Carrascal ha llegado a tener más de 300 corbatas en su armario, y “con las que no me ponía mi suegra me hacía cojines”, afirmó el periodista que impartió ayer una conferencia en la Confederación de Empresarios de Navarra (CEN) organizada por Institución Futuro.
– ¡Carrascal, señor Carrascal, que le van a meter en la cárcel!
– Señora tranquila que por opinar libremente ya no se mete a nadie en la cárcel.
Esta es una de las conversaciones que el periodista y escritor José María Carrascal (El Vellón (Madrid),1930) recuerda de su última visita a Pamplona, en los años 90, durante la inauguración de las emisiones de Antena3 en la capital navarra. El periodista ataviado con una de sus famosas y llamativas corbatas, en esta ocasión amarilla con topos azules, visitó ayer la Confederación de Empresarios de Navarra (CEN) para impartir la conferencia Crisis económica, cambio de era. A sus 83 años lleva más de una década jubilado, vive a medio camino entre Nueva York y Madrid, y en sus ratos libres colabora con el periódico ABC, y además escribe libros.
Iba para marino mercante y acabó siendo periodista.
Sí, estudié la carrera e hice las prácticas de marino, pero me di cuenta de que no tenía madera para ello. Un poco tarde pero me di cuenta. Cuando acabé la carrera vi que la mar era muy dura y nada literaria. Y eso a mí no me gustaba.
¿Y entonces?
Me fui de profesor de español a Berlín en un momento muy crucial para los alemanes. Eran los años 50 y Alemania estaba dividida en dos. Una vez allí empecé a colaborar con distintos periódicos españoles porque todos los periodistas españoles estaban en Bonn (capital de Alemania Occidental) y yo era el único que estaba en la parte oriental.
¿Es allí donde nació su pasión por el Periodismo?
Me gustaba de siempre. Mi error fue no entender desde un principio que es lo que yo quería ser. Yo escribía a diario, así que me tenía que dedicar al Periodismo. Para mí era muy fácil hacer eso. El ministro me ofreció el carné de prensa, pero no lo acepté porque coger eso hubiera significado escribir a favor de ese ministro para siempre. Preferí matricularme y sacarme la carrera por libre. Así lo hice y conseguí mi título.
Vivió unos años muy duros para los alemanes.
Sí. Recuerdo perfectamente el 13 de agosto de 1961 cuando ocurrió el alzamiento del muro. Una desgracia para 17 millones de alemanes orientales y una suerte para mí, que era el único español en esa parte que informaba a los medios españoles a través del correo aéreo. Pero al día siguiente del alzamiento los periódicos supieron de mi existencia y enseguida me pusieron Telex—un dispositivo telegráfico de transmisión de datos— y empecé a colaborar con tantos medios a la vez que no daba a basto.