Desde distintas concepciones económicas y sociales, se ofrecen soluciones a los problemas de las personas. Todas postulan alternativas para los temas de la educación, de la sanidad, del desarrollo, etc. en definitiva, todo el mundo busca y defiende teóricamente soluciones justas y solidarias. Pero si los fines pueden ser los mismos, los medios para alcanzarlos son contrapuestos muchas veces, e incluso antagónicos. Desde la moral, unas propuestas no son mejores que las otras, sólo utilizan caminos distintos para solucionar, o al menos paliar los problemas. Hay que analizarlas por la consecución práctica de los fines que les guían, y no por una siempre discutible supuesta superioridad ética. Todas las sociedades han tenido desarrollos históricos dispares, en gran medida, debido al papel desempeñado por el estado en la solución de los problemas de la gente. En unas las respuestas a casi todos los problemas de los ciudadanos, se han dado y se siguen dando, desde las propias administraciones públicas, que cada día son más extensas y difíciles de sostener por su alto coste. En otras las respuestas han sido mixtas, tanto desde el estado como desde organizaciones privadas. Unos y otros modelos tienen sus pros y sus contras.
Si en el plano conceptual las cosas están claras, en la práctica, en muchos países europeos se han desarrollado concepciones bastante similares, aunque opuestas en lo ideológico. Las podemos denominar como socialdemócratas de izquierda y socialdemócratas de derecha. Salvo en temas puntuales de enfoque en ciertas cuestiones morales, mantienen la misma fe en el apoyo de un modelo de estado extenso, desde el que pilotar la vida y hacienda de los ciudadanos.
Entienden que el estado debe involucrarse cada vez más en casi todos los problemas y puntos de interés de la ciudadanía. En este empeño, en los últimos años, no han hecho más que extender el estado. En España tanto socialistas como populares, al margen de la alternancia política, coinciden y se sienten muy a gusto gobernando administraciones extensas, ya que éstas les dan más poder sobre el que pastorear, y así satisfacer a la cada día más extensa clase política. Por desgracia para la libertad, cuentan hoy, con el apoyo de una mayoría los ciudadanos, que se encuentran muy a gusto, en el papel de modernos súbditos del omnipresente estado, que controla nuestras vidas.
En los mejores ejemplos sociales vemos que la propiedad y la libertad han camino casi siempre juntas. Por experiencia sabemos que todo poder está lleno de peligros, y su tendencia natural es a expandirse y a abusar, por lo que el mejor estado, es aquel en el que su poder esté más controlado, para lo cual es conveniente que tenga un tamaño no desmedido, y en su quehacer diario, esté sometido tanto a normas, como a costumbres sensatas. Han sido desde las sociedades de influjo anglosajón –nacidas al margen de la Revolución de 1789- donde el papel del Estado ha sido menos extenso, más acorde con una concepción que desconfía radicalmente de la acumulación de tanto poder, en manos de los políticos y de la maquinaria burocrática en la que se apoyan los estados extensos. Ningún político absolutista llegó a detentar tanto poder, como los actuales líderes, en la mayoría de los estados democráticos. En las sociedades nórdicas, donde más se han extendido históricamente los estados, el sistema está haciendo aguas y cada día tiene más y más detractores.
Hoy la ciudadanía está sumida en una profunda crisis (económica, política y moral), y cada vez se encuentra mas distanciada de la clase política, al margen de las ideologías. Las políticas socialdemócratas, hoy no producen apenas entusiasmo, y el número de desafecciones entre los votantes es cada día mayor, así como la falta de prestigio social de los políticos. Los partidos se limitan a ser máquinas electorales bien engrasadas por permanentes campañas, al votarse cada dos años y todo lo demás, les incomoda. Los ciudadanos pagamos cada vez más impuestos, y no cuentan con nosotros para nada. No se abordan los problemas de fondo de la sociedad. Te organizan toda la vida educativa, profesional, y hasta festiva, y las libertades individuales y colectivas van en la práctica menguando.
A pesar de la aparición de más medios con nuevas tecnologías, no ha aumentado ni la pluralidad ni la calidad de la información, hay una concentración en grandes grupos mediáticos, cercanos siempre al poder. Observamos eso sí, que cada vez más se visualizan las debilidades humanas, las corruptelas y la corrupciones. A los ciudadanos sólo se nos ofrece pan y circo, (subsidios y deportes) y apenas nadie predica ni el bien, ni la virtud.
Toda sociedad justa, requiere que se den diferentes recompensas a las distintas habilidades y esfuerzos de cada ciudadano. Por ello una cosa es tener iguales derechos, y otra distinta, es llegar a tener las mismas cosas. Cada vez son más los que abogan por un cambio de rumbo, en la dirección de apostar por sociedades con menor peso del estado, con menor intervensionismo, con menores subvenciones.
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