
Tommy Lee Jones no es un gran teórico de la empresa, ni siquiera un empresario. Es un buen actor de Hollywood, capaz de transmitir magistralmente en The Company men el principal orgullo de todo empresario, de toda empresaria: no habla de facturación, ni de beneficios, ni de incrementos anuales, que podría hacerlo. Cuando habla de verdad, desde el corazón, habla del impacto que toda empresa tiene en sus personas, en los demás. Paseando por los astilleros abandonados de su empresa, le brillan los ojos cuando dice: “2.000 hombres por turno, 3 turnos, 6.000 hombres que se ganaban la vida, alimentaban a sus familias, compraban casas, enviaban sus hijos a la universidad, compraban un segundo coche, construían algo palpable… no solo cifras en un albarán.
Esa gente conocía su valor, sabían quiénes eran”. Y estando con su socio añade: “Construimos algo aquí juntos, juntos… No fuimos ni tú ni yo. Fuimos muchos”. Éste es el orgullo y, sobre todo, el valor inestimable de todo empresario: construir algo juntos, con los suyos y con otros, que sirve a las necesidades de los demás, sean personas o empresas, haciendo una sociedad que progresa, una sociedad mejor. Sois irremplazables. La empresa habrá ido bien, muy bien o menos, e incluso peor, algunas de sus personas se habrán ido o nuestra empresa quizás haya quebrado, pero siempre habrá hecho bien, porque habrá generado, mientras haya estado en funcionamiento, desarrollo, riqueza y proyectos de vida para todos.
Hay quien no lo ve así e identifica empresario con codicia, atacándolo, despreciando el tremendo valor social de todo sueño empresarial, y generando un entorno hostil, enfermizo y suicida hacia todo lo que sea levantar empresa. Seguro que algunos empresarios -es verdad- se pierden la grandeza -y ¡belleza!- de lo que han construido por reducirlo a dinero. ¡Qué pena! Pero creo que definen más al empresario palabras como proyecto, generosidad, juntos, mis personas, desarrollo, todos o mi tierra, que codicia. Como prueba, el hecho estudiado de que cerca del 90% de las empresas familiares -y de esas en nuestra tierra hay muchísimas- prefiere más la perdurabilidad en el tiempo que la máxima rentabilidad: no pueden fallar a la sociedad, a su pueblo, a sus personas. Y cuántos de ellos sacrifican beneficio por ayudar, por hacer más grandes a otros. Gracias, empresarias y empresarios de Navarra por vuestro arraigo, cariño y generosidad con vuestra tierra. En esta línea, creo que ser rico no es un valor. No me imagino que a alguien le pueda atraer que en su lápida ponga: “el más rico del cementerio”. Más si se añade: “murió solo”. Sin embargo, crear riqueza sí, eso es algo grande, algo que apasiona. Para todos. Y si se tiene esa capacidad, ese don, se convierte en un honor y una responsabilidad, en una misión que no se puede dejar de cumplir.
Vosotros lo sabéis muy bien. Aun con miedos, conscientes de los riesgos que se corren. Gracias, empresarios y empresarias de Navarra porque sois así, por lanzaros, por no rendiros y seguir ahí, por vuestro compromiso y responsabilidad. Sois grandes por ello. Hay una palabra citada antes que resulta algo propio de todo ser humano: querer dejar huella, herencia, impacto. ¿A quién no le gustaría ser recordado por el impacto que dejó en su tierra, en sus personas, en los demás? Todo empresario lo deja, en menor o mayor escala. Por eso, encarnáis perfectamente el modelo que propone Sir Ronald Cohen cuando señala que toda inversión, todo crear empresa debe comprender el análisis de tres factores: riesgo de la acción, rentabilidad… e impacto. Este trío está cada vez más entre los criterios de inversión de muchos grandes fondos o de family offices. Pero los empresarios de verdad hace tiempo que ya lo sabéis, que no solo es posible hacerlo bien haciendo el bien, sino que es condición crítica de sostenibilidad, también en el tiempo. Gracias empresarias y empresarios de Navarra por esa lección de servicio, de dejar huella en los demás.
Se están cerrando ahora algunas empresas en Navarra, lo que supone un drama para cientos y cientos de familias. Por desgracia en estos casos se cumple el dicho de que se llora lo que se pierde. Aportar empleos de calidad y bien remunerados es uno de los principales valores del empresario, pero no sé si siempre se valora. Precisamente ahora es el momento de reivindicar, de promover y de agradecer la figura del que deja todo y arriesga todo por un sueño empresarial.
Empresarios y empresarias de Navarra: os necesitamos y necesitamos más personas como vosotros. Sabéis que las empresas nacen, se desarrollan, incluso se transforman… y también mueren. Gracias porque fuisteis -sois- valientes y las creáis, y porque seguís ahí, dándolo todo. En estos días se va a entregar el premio de Confederación Empresarial Navarra (CEN) y Diario de Navarra al empresario de año; en diciembre fue la Cámara la que otorgó los suyos; y un poco antes Adefan y Apd. ¿Muchos premios? A mí todos me parecen pocos, porque debería haber uno para cada emprendedor que crea una empresa, pelea por ella y hace de ella un proyecto vital para sí mismo y para otras muchas personas. Nos enorgullecéis como sociedad. Gracias empresarios y empresarias de Navarra por serlo, porque juntos, con vuestras personas, construís una Navarra mejor.
José Ramón Lacosta Aznar. Presidente del think tank Institución Futuro.