Mucho se habló en su día sobre la Ampliación Europea realizada en 2004: diez nuevos Estados miembros se unieron el 1 de mayo a la Unión Europea, pero no eran países cualesquiera. Estos países del Este, algunos de ellos con débiles economías, hicieron temer lo peor a los antiguos socios. Los miedos eran, cómo no, de índole financiera. La reducción de ayudas económicas de la UE y la inmigración de ciudadanos de estas naciones hacia la vieja y rica Europa fueron, entre otras, las razones esgrimidas por los euroescépticos para vaticinar un negro porvenir a la UE. Dos años después, la Comisión europea ha publicado un estudio con una conclusión muy nítida: la ampliación de 2004 ha resultado todo un éxito desde el punto de vista económico, tanto para los nuevos como para los viejos socios.

El informe, Enlargement, two years later: an economic evaluation afirma que los nuevos miembros crecieron de media un 3,75% entre 1997 y 2005, mientras que el crecimiento de la UE-15 fue de tan sólo un 2,5%. Los flujos migratorios, tan temidos por algunos, no se han producido y la extensión del mercado interno se ha desarrollado de manera exitosa. A estos logros habría que añadir otros que, sin estar ligados estrictamente a la esfera económica, también resultan importantes: la expansión de fronteras, el aumento de población y el crecimiento de la diversidad histórica y cultura, sin olvidar la paz y la democracia establecidas. Con la entrada de Bulgaria y Rumanía aseguradas, las dudas se centran ahora en Turquía. ¿Resulta factible su candidatura de acceso? La Comisión europea ya ha advertido que las conclusiones del estudio no pueden aplicarse de manera directa a ninguna futura ampliación, en un claro aviso a Turquía: aunque a los otros países les haya ido bien, la historia no tiene por qué repetirse.

Entradilla:
Mucho se habló en su día sobre la Ampliación Europea realizada en 2004: diez nuevos Estados miembros se unieron el 1 de mayo a la Unión Europea, pero no eran países cualesquiera. Estos países del Este, algunos de ellos con débiles economías, hicieron temer lo peor a los antiguos socios. Los miedos eran, cómo no, de índole financiera.