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Tras su regreso del país asiático, el consejero de Industria del Gobierno de Navarra, Mikel Irujo, escribía un artículo de opinión titulado “This is China”. Dicho lo anterior, vaya por delante el completo respeto al consejero de Industria, pues un artículo de opinión siempre es de agradecer y no tiene por qué ser una posición política. Por tanto, lo escrito por el consejero debe ser tratado y, en este caso, respondido en términos contradictorios pero no de confrontación.

Lo manifestado por el consejero destilaba la profunda impresión que traía tras el muy reciente viaje de una delegación de Navarra a China, encabezada por la presidenta Chivite. De lo escrito, parece ser que les ha causado un gran impacto el nivel tecnológico de ese país, su inmensa capacidad para transformarse a una velocidad vertiginosa y su potencial de megaproducción en todos los ámbitos. Alababa el consejero dos aspectos fundamentales en la transformación de esa gran y polémica nación: la exitosa planificación sistemática del Estado y la agilidad en su burocracia. Ambos aspectos darían para decenas de páginas pero, aunque sea someramente, merecen ser comentados.

Lo primero, es conveniente recordar brevemente la historia china. China ha sido la civilización, todavía superviviente, más avanzada de la Historia con más de 4.000 años ininterrumpidos de trayectoria. Cuna de grandes invenciones, pionera en el sistema funcionarial y de meritocracia desde Confucio (S. VI a.C), cultísima, tecnológica y sofisticada. Eso sí, su tamaño, riqueza interna y posición geográfica la llevaron a vivir durante siglos y siglos aislada del mundo. Su reino era “La Puerta del Cielo” y el resto de los pueblos, cercanos o lejanos, no interesaban. La catástrofe de Mao Zedong, en la parte central del siglo XX y su comunismo de exterminio llevaron a ese gran país a la miseria más absoluta. Muerto Mao en la cama (1976), el genio inconmensurable de Deng Xiaoping aplicó de inmediato un nuevo comunismo, basado en planificación estatal, más la apertura al exterior y dando paso, con carácter todavía limitado, a la propiedad e iniciativa privada. Sacudido Mao, parece ser que el pueblo chino no había olvidado su ancestral y extraordinario potencial. No como la desmemoria que sufrimos sobre nuestros recursos, historia y capacidades, a nivel español y europeo.

Es decir, lo que parece que ha dejado asombrada a la delegación navarra, esto es, el extraordinario desarrollo y tecnificación de China, es el fruto de un régimen dictatorial de partido único, represor de toda oposición política, con férrea planificación económica del Estado y que toma del modelo liberal-occidental casi todo menos la democracia. No sé si es muy admirable en términos políticos, y mucho menos trasladable en términos prácticos. Lo que es indudable es que ha sido un éxito.

En todo caso el consejero Irujo no trae a su artículo un aspecto clave que reconocen todos los que han viajado o tratado con chinos: su altísima dedicación al trabajo y sus ganas de progresar. Bajando las cosas a nuestra reducidísima parcela foral, bien podríamos aprender, al menos, que la Administración pública puede reservarse un margen de planificación económica de carácter no intervencionista, pero sí proactivo. En Navarra lo que inicialmente fue el Plan Moderna y su heredera la Estrategia de Especialización Inteligente podrían haber sido el vehículo para focalizar las prioridades públicas y privadas, para el mejor desarrollo de Navarra. Pero como las prioridades de los “gobiernos de progreso” son otras, incluso la parálisis económica para la extrema izquierda, estas Estrategias se apolillan en un armario.

Y respecto a la constatación de que China, con 1.400 millones de habitantes, es más ágil en burocracia que Navarra con 700.000 almas, dos mil veces más pequeños es, sin duda, para hacérnoslo mirar. Tendremos que recordar que, desde el Programa de Promoción Industrial (PPI) y hasta hace no tanto, la Administración de la Comunidad Foral era una joya en proactividad y eficacia tramitando expedientes complejos y atrayendo inversiones. Eso hoy en día es una entelequia. La hiperproducción normativa y regulatoria foral -sumada a la nacional y europea-, más la superpoblación de funcionarios, y la gran descoordinación interdepartamental de un gobierno de coalición (legítimo pero disfuncional) son un potro de tortura para cualquier proyecto y, muchas veces, una barrera insalvable.

Si el viaje a China ha servido, además de para contactar con agentes económicos, para vernos en un espejo y apostar por el papel como agente proactivo y de palanca económica de la Administración pública en lo que son ámbitos de su competencia -educación, infraestructuras, fiscalidad, I+D+i…- bienvenido sea. También resulta positivo que se haya visto el respaldo a las empresas a capa y espada y la importancia de la productividad y la competitividad. Y también resulta loable que pudiera servir para acometer una desactivación a gran escala del campo de minas de la burocracia foral. En cualquier caso, se agradece al consejero el haber compartido experiencias y opiniones.