
Los trabajadores ya han conseguido en la negociación la subida del IPC (ya les gustaría a muchos) y el principal desacuerdo ahora es el número de jornadas de trabajo anuales. Parece claro que para que desde Alemania elijan a la planta de Landaben para fabricar sus polos, ésta debe ser competitiva pero, además, debe ofrecer garantías de que lo seguirá siendo los próximos años y de que la conflictividad laboral no alterará su producción. Máxime cuando la fábrica navarra ya tiene “antecedentes”: en 2005-2006 el convenio no se cerraba la planta comenzó a verse como un problema desde Alemania por lo que ésta trasladó parte de la producción de polos a Bratislava. Además, al peligro de pérdida de pedidos, habría que sumarle la posible pérdida de inversiones previstas por Volkswagen. Así que, aun entendiendo que los sindicatos deben defender el interés de los trabajadores, creo que si de verdad les preocupa el empleo de su planta y de todos sus proveedores deberían demostrarlo siendo responsables y cerrando el convenio cuanto antes.
Veamos el caso del segundo empleador de la Comunidad Foral, la Universidad de Navarra, que da trabajo en torno a 4.000 personas directamente, factura alrededor de 250 millones al año (el 3% del PIB de Navarra), gasta en torno a 10 millones anuales en proveedores navarros, atrae anualmente a Navarra capital y donaciones procedentes de empresas y de particulares de todo el mundo por valor de más de 26 millones, invierte en infraestructuras que dan trabajo a muchos navarros y recibe anualmente a 5.500 alumnos y 70.000 pacientes de fuera de la Comunidad Foral que gastan en los sectores de hostelería, inmobiliario, comercio, etc. Además, difunde internacionalmente con sus actividades la marca Navarra y todo ello sin costarnos ni un euro a los navarros. Cualquier región estaría encantada de tener una empresa de estas características en su territorio. Y, sin embargo, ¿qué trato y apoyo recibe esta institución de muchos de los que piden a gritos políticas de promoción de empleo? A la vista está. Para algunos de nuestros políticos fastidiar a la universidad y a su clínica se ha convertido en un tic automático, en una obsesión. ¿Es congruente decir que se quiere promover el empleo y al mismo tiempo no apoyar e incluso boicotear a quien está en condiciones de generarlo?
Permítanme un último ejemplo a este respecto, la Sakana, una zona inmejorablemente comunicada de gente trabajadora y con infinidad de posibilidades y, sin embargo, una de las más afectadas por el paro. ¿Por qué? En una encuesta realizada a los empresarios de la zona se les preguntó si recibían apoyo de las autoridades y un 90% dijo que muy poco o ninguno. Además, señalaron muchos problemas a la hora de obtener licencias, disponer de infraestructuras o servicios, recibir ayudas, etc. También se preguntó a los empresarios que no eran originarios de la zona si volverían a invertir en ella, y este grupo dijo mayoritariamente que no, por ser una zona conflictiva y con muchos problemas políticos. ¿Tiene sentido decir que se lucha por el empleo y ni ayudar ni facilidades a estas empresas? ¿No deberían los políticos y representantes de los trabajadores dejar de lado sus rencillas políticas y partidistas y apoyar a sus empresas?
En definitiva, dejémonos de palabras y pasemos a los hechos: para paliar el problema del paro no basta con apoyar a nuevos emprendedores y pedir que la Administración contrate a más personas. Si de verdad nos importa el problema del desempleo, que sufren tantas personas a nuestro alrededor, dejémonos de discursos, de sectarismos y de mirarnos al ombligo y apoyemos todos desde todos los ámbitos a todas las empresas navarras. Cualquiera que observara con objetividad cómo tratamos a nuestras empresas no podría sino exclamar “están locos estos navarros”, o por lo menos una parte de ellos.