Expansión, 16 de junio de 2007
Julio Pomés, Director de Institución Futuro
Una nota oficial del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) emitida el jueves afirmaba: “Miembros del CNI realizaban una actividad informativa en el ámbito de contrainteligencia sobre un objetivo perteneciente a un servicio de inteligencia extranjero”.
Con estas declaraciones, el CNI salía al paso de la noticia publicada en El Mundo sobre un supuesto espionaje a Manuel Pizarro, presidente de Endesa. Puede que sea verdad, pero cuesta creer en las casualidades múltiples cuando todas convergen hacia una misma tendencia.

Sorprende que la contrainteligencia tuviera lugar “en las cercanías de la casa de Pizarro”. Asombra el hecho similar de que, el pasado 20 de febrero, guardias civiles fuera de servicio vigilaran al presidente de Endesa. Esto ocurrió, nueva casualidad, cuando la empresa pública italiana Enel preparaba su entrada en la primera eléctrica española. Es chocante también que el Gobierno admita ese seguimiento y que, cuatro meses más tarde, Zapatero no haya dado explicación alguna. Relacionados con estos hechos están los atropellos sufridos por Endesa a manos del Gobierno a través de sus organismos reguladores en las fallidas opas. La perla fue la necesidad de cambiar la ley súbitamente, justo con la opa de E.On en marcha. ¡Qué coincidencia!

Otro episodio que apoya la sospecha sobre la ética del Ejecutivo fue cuando, hace dos años, el fiscal general actuó a modo de comisario político y ordenó al fiscal anticorrupción la investigación del presidente del segundo banco español, a pesar de que la CNMV no había encontrado indicio racional alguno de fraude. La noticia de hace un par de semanas de que un ex vicepresidente del BBVA recababa datos contra Francisco González en nombre de Miguel Sebastián, director de la Oficina Económica de Presidencia del Gobierno, es una muestra más del acoso del poder político en la vida de las personas y en la gestión de las empresas.

Giros de 180 grados
En la misma línea están los giros de 180 grados en un brevísimo espacio de tiempo que ha dado el Gobierno en el modo de aplicar la justicia a De Juana Chaos y a Otegi. Debido al cambio de criterio del Ejecutivo, esos personajes han pasado, en horas, de ser ciudadanos respetables (el segundo de ellos era un “hombre de paz”, según Zapatero) a presidiarios cumpliendo condena.

Ante estas actuaciones del Gobierno, somos muchos los españoles que nos preguntamos si estamos en un Estado de Derecho o en una república bananera. Es duro admitir el acoso a nuestras libertades sufrido desde la llegada de Zapatero a la presidencia. ¿Cómo puede mandar tanto un Ejecutivo? ¿Existe realmente separación de poderes? Me temo que el todo vale para el Gobierno significa que nada vale para los ciudadanos.

El acoso de Zapatero y sus esbirros a quienes anteponen la ética a las ‘recomendaciones’ que hace el Gobierno es implacable. Los que se resisten no sólo sufren intromisiones en sus actividades profesionales, sino lo que es peor, también en su vida personal. ¿Hay alguien que pueda estar seguro? Al Ejecutivo no le bastaba con haber entrado como elefante en cacharrería y despedazar a Endesa como vendetta personal por la defensa que ha hecho Pizarro de los intereses de los accionistas.

¿Era lógico desprestigiar a un banco que cotiza en los mercados nacionales e internacionales para batir a su presidente? Hoy todos nos sentimos Pizarro y González, pues la libertad no acaba en cada uno, sino que tiene sentido en una sociedad libre, lo que exige que el poder respete los legítimos derechos de todos los ciudadanos y los de las empresas. Si la sociedad civil no protesta, las coacciones aumentarán.

No olviden ustedes que Zapatero tiene el BOE, lámpara maravillosa a la que puede pedir cualquier capricho a costa de sus derechos personales. Duele ver cómo otros presidentes de grandes compañías, especialmente las de sectores sometidos a regulación administrativa, son concesivos con las solicitudes del Gobierno. No son conscientes de que con ello aumentan su debilidad y caen en la trampa de hacerse prisioneros de una complicidad reprochable.

Defender la libertad es una obligación de todos. Hay dos ideas que me vienen a la cabeza: la de Körner, “la vida no vale nada donde falta la libertad”, y la de Shakespeare, “algo huele a podrido en Dinamarca”. No se inhiba: ¡mañana pueden ir a por usted!

Institución Futuro
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