Expansión, 22 de noviembre de 2003
Julio Pomés, Director de Institución Futuro
La instalación del reactor internacional de fusión nuclear en nuestro país abriría nuevos horizontes de progreso, ya que se invertirían 10.300 millones de euros en tecnología y se daría ese impulso a la investigación aplicada, que España tanto necesita.
La instalación del reactor internacional de fusión nuclear en nuestro país abriría nuevos horizontes de progreso, ya que se invertirían 10.300 millones de euros en tecnología y se daría ese impulso a la investigación aplicada, que España tanto necesita.

El próximo 27 de noviembre se va a librar la batalla de la adjudicación del reactor internacional de fusión nuclear, el famoso ITER. Sus ventajas son enormes: produce una energía diez veces mayor que la consumida en el proceso, no genera residuos radiactivos, las reservas del combustible son inagotables y, como funciona mediante múltiples procesos de microsegundos, no existe riesgo de explosión.
Las dificultades de la construcción de los prototipos de reactores de fusión y su elevado coste han sido siempre enormes. Hasta hace poco tiempo se estimaba que se tardarían muchos años en diseñar un reactor industrial rentable. Afortunadamente, los éxitos recientes de los laboratorios Sandia National han reducido sensiblemente el plazo para que la comercialización de la energía de fusión sea factible. El sueño de una energía barata, limpia y abundante parece estar al alcance de la mano. La explotación de la fusión nuclear hará disminuir a medio plazo la demanda de petróleo y también su precio. Lástima que el almacenamiento de energía eléctrica en celdas ligeras no esté bien resuelto; si lo fuera, el transporte en automóvil tendría menos dependencia de los combustibles fósiles y en lugar de quemar el petróleo lo dedicaríamos a cometidos más nobles y permanentes.

Ganar la guerra

Francia y España luchan en la designación como candidato por la Unión Europea (UE), pugna en la que los galos se muestran más optimistas que nosotros. Desconozco los criterios por los que los ministros europeos del ramo seleccionarán al país de la UE que competirá con Estados Unidos, Canadá, Japón, Rusia, China y Corea del Sur, pero creo que el elegido debería ser aquel que pueda contar con un mayor apoyo de esos países. Lo importante para los Estados europeos no es ganar la batalla de ser designado por la UE, sino ganar la guerra de que el ITER se instale en Europa. Probablemente, el recuerdo de las explosiones nucleares (de fisión) de Francia en los atolones de la Polinesia cause reticencias en China, Japón y Corea del Sur para que Francia consiga el reactor.

En general, la opinión pública de los países bañados por el Océano Pacífico sospecha que las detonaciones galas están relacionadas con los movimientos sísmicos que sufren. Por otro lado, España vive una dulce luna de miel con Estados Unidos, que, sin embargo, mantiene unas frías relaciones con Francia. De todo esto se deduce que España es mejor candidato que Francia para ganar la competición internacional. El logro del ITER podría paliar la decepcionante situación de la investigación aplicada en nuestro país. No sólo se invierten pocos recursos, sino que además, en muchas ocasiones, no se aprovechan bien, ya que no conducen a nuevo conocimiento.

La universidad proporciona una investigación ‘de oferta’: selecciona el objeto de estudio por sus propios intereses, más que por los de la sociedad. Suele primar el mérito científico de los profesores por encima de la utilidad de los trabajos. Por otra parte, la investigación que necesita la industria es ‘de demanda’: precisa la resolución de los retos tecnológicos que le permitan adelantarse en el mercado. Si el reactor ITER se adjudicase a nuestro país, la inversión sería impresionante: 10.300 millones de euros en tecnología y la creación de 3.000 empleos de alto nivel. Dado que el talento atrae al talento, conseguir ese macroproyecto implicaría un beneficio colosal económico y de desarrollo del capital humano.

Hipocondríacos energéticos

Si nosotros tuviéramos el primer reactor de fusión, podríamos convertirnos en uno de los primeros productores de esta energía. El único combustible del que disponemos en suficiente cantidad es un carbón poco rentable por su cara extracción y con una combustión muy contaminante debido a su alto contenido en azufre. Por otro lado, el consumo eléctrico español se ha incrementado un 35% desde 1996 hasta 2001.

Para que la industria de un país sea competitiva, su energía debe ser económica y a un precio estable, condiciones que no se cumplen cuando un Estado mantiene una dependencia excesiva del petróleo. Si tenemos en cuenta que América del Norte produce un 50% más de energía nuclear que Europa, y que España tan sólo representa un 7% de la energía nuclear europea, nos encontramos con una debilidad considerable para competir en los productos que requieren un gran consumo energético. A diferencia de los países que tienen gas, petróleo o energía nuclear en abundancia, España tiene una necesidad imperiosa de ser pionero en la nueva energía si quiere situarse en la vanguardia económica del mundo.

Espero que algunos desaprensivos no engañen a los ciudadanos de Vandellós y les conviertan en unos hipocondríacos energéticos. Es muy fácil infundir miedo acerca de la nueva energía y muy difícil evitar que los países pretendientes se sirvan de este pretexto para negar el reactor a España. Les deseo suerte y astucia a los negociadores de nuestro país.

Institución Futuro
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