Emilio Huerta, catedrático de Organización de Empresa de la UPNA y director del Centro para la Competitividad de Navarra, editor junto con la Institución Futuro del libro Claves de la economía y la empresa de Navarra, recientemente presentado, subraya que "seguimos teniendo en Navarra unos sectores industriales fundamentales relativamente maduros, con una inversión superior a la media en I+D, aunque no crean mucho valor añadido. Pero tenemos pocas empresas que investigan en sectores tecnológicamente muy sofisticados y avanzados".
Expone en su investigación que la colaboración entre los Centros Tecnológicos y las empresas no es muy fructífera, "porque muchas veces no son los directivos de máximo nivel los que lideran el proceso de innovación en la empresa, lo delegan. No aparece enraizada una cultura de la innovación en las empresas. O al menos en todos los departamentos. Las pequeñas y medianas empresas están poco comprometidas en procesos de mayor innovación. Y los centros tecnológicos deberían hacer una mayor labor comercial".
¿Como a veces sucede en la universidad, trabajan los centros desconectados de la realidad empresarial?
Los centros tecnológicos no son la universidad. Muchos son de carácter público e intervienen en sus consejos las empresas, por eso deberían estar más orientados a satisfacer y a entender los problemas de las empresas. A veces no tienen personal especializado en los problemas de las industrias, tienen poca orientación comercial, no ayudan a las empresas para que entiendan el nivel de riesgo que van a abordar…
¿Más inconvenientes que dificultan la innovación?
Quizás no se utilizan nuevas tecnologías sofisticadas porque los directivos no las conocen. Pero también es cierto que la implementación de innovaciones es compleja. Muchas no consisten en comprar una maquinaria, tienes que cambiar el lay off de la fábrica, dar al trabajador capacidad de decisión en el proceso de gestión de la nueva máquina… Algo complejo que a veces no se hace bien.
El pesimismo de Krugman
Usted que es catedrático de la UPNA. ¿En orden a esta cuestión de asociar investigación con las necesidad de la región, debería apostar por un modelo de universidad más pequeño y más especializado?
A mí me suena bien eso. Deberíamos especializarnos y deberíamos vigilar muy de cerca cuáles son las opciones de nuevos negocios como apunta el plan Moderna en cuanto a tecnologías nuevas; pero en la universidad estamos un poco compungidos porque cantidad de noticias que salen son negativas.
Paul Krugman, premio Nobel, aventura dolorosos procesos de rescate para países como España, una austeridad despiadada y desempleo altísimo. ¿Bajo ese horizonte qué futuro vislumbra?
Es una visión excesivamente catastrofista, porque ha dicho que para que la economía española se recupere se debería proceder a una reducción de los salarios un 20% para aumentar la competitividad de las empresas, algo a todos luces imposible. Lo interesante es el mensaje: que las cosas vienen muy mal dadas. En el tema de los salarios creo que no hemos sido excesivamente moderados ya que han crecido más que el IPC. Las empresas están perdiendo capacidad competitiva y hemos aumentado los costes laborales. Pero en el escenario de las cooperativas, donde la gente se siente más implicada y entiende mejor el proyecto empresarial, han decidido renunciar al incremento salarial e incluso han optado rebajarse el salario.
¿Se cierra la puerta de salida de la crisis y corremos riesgo de no llegar antes de su cierre?
Creo que no se está cerrando. Se cierra desde un punto de vista estadístico y vamos a vivir un escenario complicado. Creo que el principal problema es que hay un exceso de capacidad productiva en el ámbito industrial, porque las empresas han invertido mucho, para una demanda que se ha desmoronado. Y esa inversión no se ha hecho con cargo a recursos propios sino con cargo a deudas. Y la demanda no creo que se vaya a recuperar en tres años.
¿Y en el socavón económico, en Navarra cuales son nuestras grietas?
Estamos algo mejor y, en general, la industria ha respondido mejor. El peso de la construcción en Navarra no ha sido tan alto. Y en la industrial del automóvil, con Volkswagen hemos tenido una oportunidad porque el modelo Polo ha funcionado muy bien y ha tenido un efecto muy positivo sobre un sector tan importante. Los problemas de innovación, mejora de productividad y competitividad son los mismos de la economía española .
Hablando de innovación. ¿El futuro para la planta de Volkswagen pasa por los modelos eléctricos o híbridos?
De momento, se está hablando de producciones muy cortas. En Renault, por ejemplo, se habla de asignaciones de 15.000 coches al año, muy pocos en relación a los 360.000 que produce la planta del Polo. El proceso va a ir más lento de lo que nos parece. Pero los retos están en esas pequeñas cosas y cambios.