Por fin estuvo España en Washington. ¿Merecía la pena suplicar tanto por estar?
La presencia de España tiene más valor simbólico que real. Estuviéramos o no las consecuencias sobre nuestro país van a ser las mismas. Pero el nivel económico de España hacía obvio que tenía que estar. El Gobierno hizo bien en hacer todas las presiones y entrar, aunque sea de rondón y de una forma un poco desairada. Otra cosa es que con otro tipo de política a lo mejor no habría sido tan agónico el entrar.
¿Eran exageradas las esperanzas puestas en este encuentro?
Yo era muy escéptico sobre lo que se podía esperar de la conferencia porque una reunión de un día con dos sesiones de trabajo no da para casi nada, pero, en contra de lo que otros han dicho, creo que dio todo lo positivo que se podía dar. Me pareció una reunión útil. Hicieron un diagnóstico bastante sensato de la situación y se reafirmó algo en lo que yo creo: la absoluta importancia de la economía de mercado, de la libertad económica, de la libre empresa. Esto es importante porque estamos viviendo una ofensiva y una crítica a la economía de mercado. Allí se dijo que la consecuencia no podía ser una vuelta al proteccionismo y que hacía falta la cooperación entre los gobiernos.
Una de las conclusiones es que los gobiernos tienen que aumentar las inversiones públicas. ¿Así que el estado es ahora la solución?
Las inyecciones de liquidez en el mundo deben ir encaminadas a solucionar las situaciones a corto plazo. Tampoco es una buena medida la expansión en el gasto público. En este momento es necesaria, pero depende de su volumen y de su composición. Que el déficit fiscal es bueno por sí mismo es una idea un poco tosca. No es lo mismo el incremento de gasto corriente que el del gasto en inversión. Reducir los impuestos y subir el gasto en infraestructuras son buenas ideas pero deben ir acompañadas de austeridad en el gasto público.
¿Por dónde hay que reducir el gasto público?
En el gasto corriente. Habría que hacer una enorme poda en la administración: suprimir organismos, cargos públicos…
¿En concreto?
Suprimiría el ministerio de la vivienda, porque está transferida en su mayoría a las comunidades autónomas, y el ministerio de la igualdad. No es que no sean importantes, pero cada problema no tiene que tener un ministerio. Además, en todos los ministerios reduciría el número de direcciones generales, el número de asesores de los ministros y de las secretarías de estado y de la presidencia del gobierno. Haría una política enorme de austeridad. Es un error el incremento del 3,8% en los salarios de los funcionarios, y yo lo soy. La medida de los 400 euros era electoralista, incongruente con la no deflactación de la tarifa del IRPF. También estamos en contra del cheque bebé porque, además, no fomenta la natalidad. La renta básica de emancipación para los jóvenes tampoco es la solución para el problema de alquiler, que tiene que ver más con la inseguridad jurídica del propietario. Lo que debiera hacer el gobierno es reducir los impuestos, el de sociedades sobre todo, y aumentar el gasto en infraestructuras, y reducir el gasto no productivo.
Con su propuesta de poda en la Administración aumentarían las listas del paro.
El problema no es tener gente ocupada sino que sean productivos. Las direcciones generales y los organismos públicos consumen una cantidad de recursos enormes. Cuando hay que apretarse el cinturón el primero que se lo tiene que apretar es la Administración pública.
¿Qué le parece la propuesta de bajar el IVA de Inglaterra?
En España no sería muy buena idea. El IVA en España es de los más bajos de Europa. Se busca estimular el consumo, pero son otros factores, como el miedo al paro, los que pesan más en las decisiones de los consumidores.
Así que ahora hay que volver a consumir, cuando nos han estado diciendo que el elevado consumo y el dinero fácil han sido unas de las causas de la crisis.
El problema es que no se ha ahorrado y que cuando el consumo cae de manera fuerte, afecta al empleo. Lo que no se debiera hacer es estimular el consumo sin más. Lo que no tiene sentido es decir que la culpa la tiene la avaricia. Entonces, qué hacemos, ¿prohibir la avaricia? Es un argumento rupestre e inútil.
Algo positivo tiene la crisis. Han empezado a bajar los precios.
Sí, la media de la inflación del año que viene puede ser el 1,8%. Para las familias hay dos noticias buenas, la caída de la inflación y la caída importante del euríbor. Lo que pasa es que tenemos un diferencial importante con Europa en inflación y eso se debe a falta de liberalización de determinados sectores y a la dependencia energética.
Así que ahora hay que bajar los tipos.
El problema es que han estado los tipos demasiados bajos, sobre todo en EEUU, demasiado tiempo en un momento en el que no había problemas de inflación. En España, el problema del boom inmobiliario, ha sido la bajada de tipos. Pero en este momento, conviene tener los tipos bajos. Y cuando pase el momento, deberán subir otra vez. Mantener los tipos muy bajos durante mucho tiempo en un contexto de baja inflación no es bueno. Y en españa hemos tenido tipos de interés negativos (por debajo de la inflación) durante muchos años. Ahora deben estar bajos, pero por esta circunstancia. […]