Expansión, 30 de junio de 2007
Julio Pomés, Director de Institución Futuro
¿Le compensa al PSOE agotar la legislatura? La respuesta hay que encontrarla valorando las expectativas que los socialistas puedan crear para mejorar su imagen en el tiempo que les queda de legislatura.

Si las previsiones fueran un empeoramiento de su percepción pública, la respuesta lógica sería un adelanto electoral, con el menor tiempo legal posible de aviso para pillar desprevenida a la oposición. Si, por el contrario, el PSOE vislumbrase que tiene capacidad de recuperar su prestigio paulatinamente, alargaría al máximo la legislatura. Merece la pena analizar cuál es el escenario más probable, ejercicio útil para la toma de decisiones en las que la política supone una prima de riesgo.

Para establecer previsiones hay que tener en cuenta que el argumento para adelantar las elecciones no es tanto la realidad, sino la sensación que la mayoría de los votantes tiene de la coyuntura. Ésta es la razón por la que, con frecuencia, algunos políticos prefieren despilfarrar en márketing efectista de corto plazo, en lugar de invertir en realizaciones valiosas que exijan un tiempo superior al que queda para acudir a las urnas.

El PSOE ya no tiene tiempo para acciones que necesiten más de medio año para concluirlas, así que, si quiere recuperar la confianza perdida, improvisará éxitos como sea. Desglosaré las principales áreas que los socialistas pueden utilizar para marcarse tantos.

Aunque nuestra economía tiene problemas tan serios como el déficit exterior (10% del PIB), el endeudamiento de las familias españolas (79% del PIB) y una baja productividad, la percepción de los votantes es que como el crecimiento del PIB es alto y el desempleo es bajo, vamos bien. Estos datos han de aprovecharse de modo inmediato, pues es probable que en unos meses se empiece a notar una desaceleración económica, especialmente en la construcción, que incremente el paro y tal vez una mayor inseguridad por los inmigrantes en desempleo.

Otro asunto que está mal, y que puede ponerse peor, es el terrorismo etarra. Si la engañosa tregua hubiera conducido a una entrega de armas, nadie duda de que los socialistas habrían convocado las elecciones de modo inmediato. Pero, tal y como era de esperar, negociar con terroristas conduce al fracaso. Es más, tras la crónica del proceso publicada en Gara, los socialistas son todavía más débiles y menos de fiar.

El desmentido de López Garrido, negando las informaciones del periódico abertzale, no es verosímil. Nunca el actual Ejecutivo tuvo su credibilidad tan baja. Si el PSOE estuviera seguro, por sus conversaciones con ETA, de que no va a haber atentados hasta después de las elecciones generales, no habría duda: los socialistas agotarían el mandato para procurar una imagen de firmeza con contundentes éxitos policiales. El problema es que si ETA asesina a alguien ahora, toda España va a bramar contra el Gobierno y la recuperación de la confianza será imposible. Por ello, el riesgo de un atentado con víctimas aconseja también un adelanto electoral.

Soldados en misión de guerra

Un tercer factor es el aumento de peligrosidad que corren nuestros soldados en misiones que no se pueden calificar precisamente de paz, sino de guerra entre fanáticos. El riesgo de nuevos atentados en el Líbano y en Afganistán aumenta cada día. Un nuevo ataque a las tropas españolas perjudicaría la imagen de Zapatero, a quien se le acusaría de irresponsable por enviar a nuestras Fuerzas Armadas a misiones peligrosas.

Otro efecto de la presencia de nuestros soldados en conflictos armados es que anula el argumento que más le ha ayudado a Zapatero a ganar las elecciones. Me refiero a despertar el resentimiento hacia Aznar y el PP por el envío de tropas a Irak, rencor que le ayudó a conseguir votos en los últimos comicios y que ahora, con españoles muertos en guerras extrañas, se puede volver contra el presidente.

Otra cuestión importante es lo que suceda en Navarra. Si, al final, NafarroaBai forma un gobierno de coalición con los socialistas, ese pacto tendría unas consecuencias negativas para el PSOE, lo que les debería llevar a retrasar al máximo la convocatoria para que se tranquilicen los ánimos de tantos socialistas traicionados.

Por último, cabe añadir que el estilo de Zapatero y las burdas mentiras que dice (por ejemplo, que ha bajado la presión fiscal) crispan cada vez más a los electores, quienes no soportan que se les trate como a menores de edad que se lo creen todo. En resumen, está claro que los socialistas arriesgan más agotando la legislatura que adelantándola a octubre.

Institución Futuro
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