Acceso íntegro al artículo

Las políticas públicas deberían escuchar siempre a quienes enfrentan cada día los desafíos del mercado.

En este conocido cuento, también llamado “el rey desnudo”, unos desalmados hacen creer al rey que el traje que le han confeccionado es maravilloso y que solo pueden verlo él y los súbditos inteligentes. Quien no lo ve es tremendamente estúpido y no merece ni su confianza ni su aprecio. Por supuesto, el traje no existe y esos desalmados acaban desapareciendo con todo el dinero, joyas, oro, plata y sedas entregados para confeccionar el supuesto vestido del rey.

Siguiendo con el símil, resulta llamativa la ausencia de autocrítica y el empeño de quienes nos gobiernan de convencernos sobre lo bien que marcha Navarra, aunque solo sean ellos quienes lo vean. Los que no somos Gobierno ni dependemos de él, vemos matices: hay cosas que van bien y otras que van mal. Pero en lo que no marcha bien, según nuestro Gobierno, estamos equivocados.

Al parecer, la realidad también se equivoca: no es real. Lo real es lo que nos dicen: que las empresas no se van de Navarra o cierran (BSH, Acciona, etc. es un bulo); que cada vez vienen más (no sabemos cuáles, pero seguro que sí); que son las que menos impuestos pagan (que se lo pregunten a quienes facturan más de 1 millón, a todas esas pequeñas, medianas y grandes que queremos traer), que nuestros hijos -con su talento y todo lo invertido en ellos- se quedan aquí y no se van a Madrid, en este maravilloso paraíso laboral, donde “solo” tenemos 30.000 parados; que las inversiones nos llueven del cielo; que las infraestructuras y las comunicaciones son importantes, pero que también estamos bien en ese aspecto; y que, en definitiva, se recauda más que nunca para gastar también más que nunca en unos servicios públicos cada vez mejores. Que por eso tenemos una fiscalidad exigente… ¿Es que no vemos lo bien que salimos en las fotos?

Dos cuestiones. La primera: de gestionar empresas, de crearlas o atraerlas y de hacerlas exitosas ¿quiénes saben? Los empresarios. No se puede despreciar su criterio. Si las empresas repiten, por activa y por pasiva, que la fiscalidad es importante para su productividad, hay que escucharlas. Si cuando estudian donde implantarse y te dicen que las infraestructuras son críticas para decidirse por Aragón, por ejemplo, en vez de por Navarra, hay que tenerlo en cuenta. Cuando reclaman mejores conexiones no es por capricho, sino por necesidad. Y si el agro necesita el agua cuanto antes, pues la necesita. Lo mismo con el talento que demandamos y que cada vez nos cuesta más encontrar y retener. Pero son los empresarios y empresarias quienes no deben de saber… De chiste si no fuera por lo triste de la situación.

Las políticas públicas deberían escuchar siempre a quienes enfrentan cada día los desafíos del mercado. Los empresarios no solo son los que arriesgan su capital, sino quienes generan empleo, innovación y riqueza. Ignorarlos es, en última instancia, ignorar a toda la sociedad que se beneficia de sus logros. El bien común exige que se les escuche.

La segunda cuestión: la clave no reside en el nivel al que hemos llegado tras muchos años, esfuerzos e historia, sino en qué está haciendo el Gobierno para mantenerlo y mejorarlo. Porque su mérito no es la comunidad que heredó, sino la que deja. Lamento comprobar con mucha frecuencia que cuando el ámbito empresarial funciona, rara vez es por acción de lo público. El éxito de las empresas navarras es principalmente un reflejo del tesón, la creatividad y la resiliencia de los empresarios, que no se rendirán nunca. Si con los palos en las ruedas de algunas malas políticas actuales los empresarios se levantan cada día a darlo todo, imagínense cómo sería si tuvieran políticos que remaran en la misma dirección. Mientras que los empresarios demuestran su valor a través de la creación de empleo, productos y servicios, las instituciones políticas deben ser evaluadas por su capacidad para generar un entorno favorable para este desarrollo y por los servicios que ofrecen. La comparación debería sonrojar a más de uno.

Desde hace más de dos décadas, habiendo vivido Gobiernos de diferentes colores, Institución Futuro trabaja incansablemente para poner en valor la figura del empresario y promover un diálogo constructivo entre el sector público y privado en pro de una Navarra mejor. A través de análisis, informes y propuestas concretas, la institución ha señalado las áreas donde es necesario actuar para mejorar el entorno empresarial y económico de Navarra. Nuestro mensaje es claro: no podemos permitirnos ignorar a quienes generan riqueza y empleo. Es fundamental que las políticas públicas se alineen con las necesidades reales del tejido empresarial y trabajen conjuntamente. De hacerlo, el resultado puede ser espectacular, pero de lo contrario, estará en entredicho la sostenibilidad de nuestra tierra; por más que algunos sigan alabando el traje nuevo del emperador.

José Ramón Lacosta Aznar. Presidente del think tank Institución Futuro.