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El Gobierno de Navarra acaba de hacer públicos los datos de la Renta Garantizada en Navarra en 2023. Esta ayuda está destinada, en teoría, a personas que no tienen cubiertas sus necesidades básicas y enfocada (o debería) a que sea algo transitorio para la inserción de esas personas en el mercado laboral. Institución Futuro ha realizado un análisis, como siempre riguroso, de dichos datos.

En Navarra perciben esta ayuda más de 16.000 unidades familiares que suponen unas 36.000 personas (el 5,7% de la población). Para hacernos una idea de la evolución de esta ayuda, en 2012 el número de perceptores era exactamente de la mitad, 18.000 personas. Si lo juntamos con el Ingreso Mínimo Vital, otra ayuda que se da para “combatir la pobreza” y cuya gestión es desde 2020 responsabilidad del Gobierno de Navarra, el número de perceptores está en máximos históricos. Una pésima noticia económica y socialmente.

Y hablando de euros, ¿cuánto supone esto? Pues en 2023 nos gastamos (es evidente que no es una inversión) casi 104 millones de euros, 16 millones más de lo presupuestado. Y es entonces cuando creo que el tema puede y debe de ser analizado. Porque es un dineral.

Desde hace unos años, la Renta Garantizada es un tabú del que aparentemente no se puede debatir. Lo han etiquetado como el “escudo social” y ya sabemos que todo aquello que se etiqueta de “social” no puede ser sujeto de debate. Hombre, ya que lo pagamos por lo menos déjennos discutir sobre ello.

Pero claro, igual es social también preguntarse si esos 104 millones que se extraen de los bolsillos de los asfixiados autónomos, de los pequeños empresarios que tienen que competir para vender y cobrar, de empleados por cuenta ajena que no llegan a final de mes se emplean bien. Y parece que no. Por los indicadores que presenta el propio Gobierno de Navarra demuestran que ni siquiera es eficaz.

El año pasado solo el 7% de los perceptores de la Renta en edad de trabajar abandonaron esta prestación por haberse incorporado al mercado laboral. Inmediatamente ustedes pensarán “Pero si falta gente para trabajar en el campo, en lo servicios y en la hostelería!”. Efectivamente, falta gente para trabajar y estamos pagando a 35.000 personas por no trabajar. No quiero decir que todos los 35.000 prefieran la renta a no trabajar, pero es evidente y palmario que esta renta desincentiva la búsqueda de empleo. Decir esto es tan políticamente incorrecto como cierto.

Y ahora ya se ha convertido en algo “normal” que tengamos a 35.000 personas cobrando esta renta, y lo que es peor, presumimos de ello cada año con pomposas ruedas de prensa sobre el “escudo social”. Piensen en ello cuando se levanten a las 6.30 horas para buscar un cliente, cuando liquiden el IVA o cuando vean su retención en nómina.