
Hoy se celebra una efeméride que seguramente pocos conozcan. Una a la que ya hice referencia el año pasado: el 4 de marzo de 1994 se aprobó en consejo de ministros el acta de nacimiento del corredor navarro de alta velocidad, el tav. Por lo tanto, hoy hace 31 años desde que se incluyera de manera explícita en la citada acta la construcción de la Y vasca y su conexión a través del corredor navarro.
Al echar la vista atrás y repasar qué avances ha habido, compruebo que en 2025 está construido o en obras todo lo planificado en 1994, ¡incluso más! Todo, menos en Navarra. Porque aquí seguimos igual que hace un año. O incluso peor, porque lo que ha habido en este periodo ha sido ruido poco o nada constructivo. Ruido por decidir dónde se ubica la nueva estación de Tudela, ruido por ver si la conexión con nuestros vecinos la hacemos por Ezkio o por Vitoria, ruido por los sabotajes a las catas que permitirán decidir el punto de conexión…
Pero de lo importante, es decir, aprobación de estudios informativos o proyectos de construcción en redacción para poder continuar con la ejecución de la obra, nada. Y del compromiso de financiación para poder cumplir con los plazos aprobados en el Plan de Empleo (Alta Velocidad de Pamplona a Zaragoza en 2030), tampoco.
Un aspecto muy positivo es que precisamente en el Plan de Empleo recién aprobado por el Gobierno de Navarra esté el compromiso, por escrito, de que el TAV llegará a Pamplona en cinco años, con todo lo que eso implica, incluida la construcción de la nueva estación de Pamplona. Así que el interés del Gobierno foral con este tema es claro y público.
Esperemos, yo al menos así lo deseo, que su compromiso tenga más fuerza y más valor que el compromiso que se adquirió hace 31 años. Para que por fin los navarros, ciudadanos y empresas, tengamos acceso a una alta velocidad que nos permita estar mejor comunicados con el resto de España, y a futuro con Europa. Y dejemos de una vez de estar marginados respecto al resto de españoles.