
Lejos del histrionismo que caracteriza a muchos divulgadores televisivos, Carlos Sebastián Gascón (Madrid, 1944) utiliza un tono sosegado y académico fruto de su experiencia como catedrático de Fundamentos del Análisis Económico de la Universidad Complutense de Madrid. Es autor de gran número de artículos y monografías sobre Economía y columnista habitual en Cinco Días. El también hermano del exministro de Industria en el Gobierno de Zapatero, Miguel Sebastián Gascón, visitó recientemente Pamplona para dar una charla en la CEN sobre su último libro España estancada: por qué somos poco eficientes (Galaxia Gutenberg, 2016).
¿Por qué somos tan ineficientes? El principal problema es la inseguridad jurídica. Los partidos políticos la crean porque están continuamente produciendo nuevas normas que cambian las anteriores. Pero el incumplimiento impune por parte de las empresas es probablemente una fuente tan importante de inseguridad jurídica o más. Lo peor es que las propias administraciones también lo hacen. Eso crea en el ciudadano una sensación de relativismo legal.
¿Esto ha sido siempre así? Europa fue como un faro tras la salida del franquismo. Estimuló una serie de reformas que se reflejaron en incrementos de productividad enormes. Pero ese proceso se detuvo y después se fue deteriorando porque los partidos empezaron a ocupar los centros de poder y control, como el Tribunal Constitucional, el Consejo General del Poder Judicial y la propia Administración.
¿Fallo de la sociedad civil? La sociedad no ha castigado electoralmente estas prácticas. Se ha creado un statu quo de muy mala calidad en el que el poder político hace lo necesario para perpetuarse y la sociedad civil considera que lo mejor es aproximarse a esa sombra para buscar cobijo.
¿Qué habría que cambiar? Hay reformas básicas, como la educación, el sistema judicial o la administración pública, pero es difícil llevarlas a cabo. Van a tener una gran oposición de los intereses creados que van a resultar perjudicados. Solo se podrán llevar a cabo cuando haya un salto hacia la transparencia y la rendición de cuentas. Los partidos políticos tienen que renunciar al control de las instituciones. Eso serviría de ejemplo y crearía las bases para proceder a las reformas.
¿Sería efectivo? Eso está comprobado. Si uno mira la historia del desarrollo económico y el aumento de la productividad de los últimos 150 años, cuando se produce una aceleración sostenida del crecimiento es porque ha habido un cambio institucional. Cuando el crecimiento proviene de un shock, como una burbuja inmobiliaria, no es sostenible como hemos padecido recientemente.
¿Se dan las condiciones para un cambio así en España? Eso es lo que yo creía. Antes de las elecciones percibía una sensación generalizada que era necesaria la regeneración institucional y democrática. Estaba esperanzado, pero lo que he visto desde las elecciones no da pie al optimismo.
¿Quién tiene la responsabilidad? No le echo la culpa a nadie con nombre y apellidos. La mayoría de los partidos políticos, incluso el PP en algunos aspectos, diagnosticaba muy bien que el país tenía dos problemas muy graves, la regeneración política e institucional y el aumento de la desigualdad y la pobreza. Uno podía esperar una especie de máximo común divisor, pero en las negociaciones han primado los personalismos, ocupación del poder como objetivo… la vieja política en definitiva.
Con las cosas que dice, no tendrá muchos amigos entre políticos y empresarios. Hay muchas personas en el mundo de la empresa que simpatizan con estas ideas. Pero es verdad que en la esfera empresarial también abunda la falta de transparencia y asunción de responsabilidades. Tenemos que apostar por la sociedad meritocrática, algo que en España no hemos conseguido salvo en periodos muy cortos de la historia.
¿Y se atreve a decir cosas así en la sede de una patronal? Las organizaciones empresariales que hay en este país no son ni representativas ni dinámicas. Muchos empresarios nunca se han sentido representados ni por la CEOE ni por la Cepyme.
¿Y por qué no se organizan? Pondré el ejemplo andaluz. La Confederación de Empresarios Andaluces está financiada por la Junta muy generosamente. Piensan que quien se mueve, no sale en la foto. Esta idea está muy metida en la mente de todo el mundo y también en el ámbito empresarial.
¿Es un problema generalizado? Hay dinamismo a nivel individual. En España hay algunas empresas excelentes y empresarios extraordinarios. Y lo son en condiciones desfavorables. El problema es que la densidad es demasiado baja.
¿Cómo afrontan los jóvenes ese panorama laboral? Hay datos que son significativos. El Consejo de Rectores reconoce que para conseguir un empleo universitario el elemento familiar es el que más cuenta. Las estadísticas de los universitarios nos dicen que solo el 11% de quienes tienen padres universitarios ocupan puestos por debajo de su cualificación, mientras que se eleva al 22% si los progenitores no son universitarios. La explicación es que los padres con estudios universitarios tienen una red relacional mucho más fructífera.
En ese contexto, la calidad de la enseñanza pesará poco, ¿no? La calidad de la enseñanza depende mucho de los incentivos de los profesores y los estudiantes. Entre los profesores hay mucho corporativismo, pero más grave es el caso de los estudiantes. Ellos son perfectamente conscientes de que depende de su papá el dónde se van a colocar.
Por tanto, su incentivo a esforzarse es mucho menor. Para romper este círculo vicioso, el sistema productivo debería demandar talento, cosa que no hace. Según describe, los males de este país están más enraizados de lo que cabría pensar.
¿Hay solución? En Suecia, hasta 1870, todos los funcionarios eran hijos de la aristocracia y el clientelismo era brutal. Justo cuando se rompió con la sociedad no meritocrática, junto con una regulación pensada para favorecer el interés general, es lo que hizo de Suecia el país que es.
¿Algún ejemplo reciente de clientelismo en España? La reciente regulación del autoconsumo eléctrico es paradigmática al adaptar una legislación a favor de unos pocos, en este caso las eléctricas. Está en contra de la razón, de la eficiencia y de la práctica en otros países. En Alemania o Australia, el autoconsumo es una normalidad y los excedentes se venden en vez de ser castigados.
Escuchándolo, parece usted un ideólogo de Podemos. No, no, en absoluto. Me considero de izquierdas, pero Podemos tiene un discurso leninista. En cambio, sí que creo que hay casta, aunque el diagnóstico de Podemos me parece incorrecto. Hay casta porque ha habido degeneración del Estado de derecho.
Usted proviene del mundo universitario y, por tanto, teórico. ¿Su actitud no es un tanto quijotesca? Alguna relación he tenido con la empresa privada, con experiencias buenas y otras malas. El deber de los intelectuales es alzar la voz. El panorama que describe es desolador. En La Vanguardia apareció un artículo de un embajador, Carles Casajuana Palet, muy elogioso sobre mi libro, pero terminaba recomendando alejarse de su lectura para quienes buscaban entretenimiento. Escribí el libro sin el último capítulo y mi editora me pidió que introdujera un mensaje de esperanza. Quien crea que esto se soluciona con más educación y más I+D está equivocado.
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