Uno de los problemas que más preocupan hoy en día es la degradación del medio ambiente, de la capa de ozono y el efecto dañino que, según los expertos, la contaminación está causando sobre los ecosistemas, el cambio climático y la propia habitabilidad del planeta. España no es precisamente uno de los países donde mejor uso se haga de la energía. El anunciado agotamiento del petróleo con fecha ya definida tampoco nos augura un futuro muy prometedor dada la actual dependencia que las economías desarrolladas tienen del oro negro. Buena parte de estos efectos son producidos por todos nosotros y no sólo por las empresas o los gobiernos que no se adhieren a determinados convenios (que también). Podemos encontrar muchos ejemplos en nuestra vida cotidiana en los que los ciudadanos en general no consumimos la energía de forma eficiente. En invierno abrimos las ventanas porque el calor de la calefacción es insoportable y en verano las gripes derivadas del exceso de aire acondicionado saturan las consultas de los centros de salud. En muchos lugares de trabajo la mayoría de los trabajadores acude con su vehículo propio con el consiguiente efecto sobre la congestión del tráfico y la polución. No es fácil plantear soluciones, pero en estos casos las campañas de conciliación parecen no ser suficientes si los usuarios no perciben el verdadero coste de sus acciones. Pese al aumento del precio de los carburantes de los últimos meses y las quejas de los consumidores, posiblemente pocos han variado sus hábitos de transporte. La sostenibilidad de la economía española dependerá también de que la energía empiece a utilizarse de manera más eficiente. Esto es tarea de todos.

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Uno de los problemas que más preocupan hoy en día es la degradación del medio ambiente, de la capa de ozono y el efecto dañino que, según los expertos, la contaminación está causando sobre los ecosistemas, el cambio climático y la propia habitabilidad del planeta.